Abusos de ignorancia y desatinos

En los últimos ciento y pico tristes días del desembarco de Pedro Sánchez en La Moncloa, no ha habido una sola jornada en la que no nos hayamos enterado de una nueva ocurrencia, una rectificación o ambas cosas en el mismo día. Todo ello salpimentado con el indudable escándalo de la celebérrima tesis doctoral del Dr. Sánchez o las dimisiones de dos ministros, Máxim Huerta y Carmen Montón… y las que están al caer, dicho en su doble sentido, a ocurrir y al apearlas del boato y tarjeta VISA ministerial.

Tal es el cúmulo de desatinos, que parece que esas cosas pasaron hace décadas, pero fueron antes de ayer. El aparato de la PSOE va de escándalo y mentira en escándalo y mentira, hasta que los que lo apoyan sientan vergüenza ajena por temor a que les salpique tanta estulticia y dejen de disculpar al que llegó de forma tan truculenta y sin ser votado al Gobierno de España. Ya hasta Pablo Iglesias habla de cutrez, cosa asombrosa en quien tiene en Podemos y similares todos los ejemplos de incongruencia y mendacidad. Por sólo poner dos ejemplos, el del líder máximo con su chalé en Galapagar comprado en una cantidad poco creíble, y Rita Maestre casándose en una gran finca rústica cuando su grupo y el PSOE, propusieran en octubre de 2017 prohibir bodas (de los demás) en esos espacios por ser competencia desleal. Anuncios para prohibir cosas, subir impuestos sólo a los “ricos” dicen, o exhumar cadáveres son las especialidades demagógicas que dominan.

Sin lugar a dudas, es muy poco ejemplarizante que los aspirantes a cargos públicos inflen sus historiales para aparerentar ser lo que no son engañando a los que se los leen, que supongo que alguno existirá. Y en el caso del Dr. Sánchez, trolillas académicas y profesionales las hay, como las habrá hasta en el historial del último concejal de un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, diría Cervantes. Es una indudable “falta de ignorancia”, pues el político hagiografiado abusa de la confianza de propios y extraños, electores todos, al intentar flotar sobre la basura del entorno adjudicándose títulos que no tiene o que tiene de aquella forma “discutida y discutible” que dijo Zapatero, por cierto personaje muy admirado en la OEA (“no sea imbécil”, le espetó Luis Almagro, su Secretario General). Posiblemente, a la vista de las Web de los partidos, se está ante la generación de políticos y ciudadanos más titulada de la historia, lo que no significa mejor preparada. A la vista en los manipulados telediarios está.

El último currículo manipulado, al parecer, que ha saltado a la palestra en el momento de redactar estas líneas es el del cazador de zurupetos ajenos Iván Redondo, jefe de gabinete del Dr. Sánchez. Tal vez mañana nos sorprendamos con alguna presunta irregularidad en el bachillerato de Adriana Lastra, la ilustrada portavoz en el Congreso.

Creo que hay que acabar con estas golferías, pero dada la generalización que ha habido en el pasado próximo, debería acordarse un pacto de amnistía y cuenta nueva para todo el político que ponga al día su historial, manifestando su arrepentimiento con el necesario propósito de la enmienda. Los candidatos y gobernantes deberían ser juzgados por los ciudadanos teniendo en cuenta la congruencia entre sus promesas, reflejadas en sus propuestas electorales, y sus acciones reales en actos de gobierno, así como su ejemplaridad pública.

La preparación técnica para ocupar un cargo público, al margen de la titulitis, debiera ser preceptiva. Lo pésimo para España es que pesa más el carné del partido y el servilismo al cabecilla o al brujo de la secta, que la capacitación. Así, el avance hacia la ineptogracia está servido… ¡preparen la cartera, porque sus desatinos los pagamos los contribuyentes!

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