Año de elecciones, ¿Año de ensoñaciones?

Tras escuchar a las diferentes opciones políticas debatiendo, no deja de ser una constante los patrones que tras elecciones anteriores se siguen dando a lo largo de nuestra democracia, como la crispación y el miedo que algunos utilizan para atraer votos.

Los partidos con opciones de gobierno enfrascados en una táctica, utilizada cíclicamente elección tras elección, de quítate tú para ponerme yo, dejan entrever la necesidad imperiosa de que haya una política renovada y con perfil de políticos/as con altura de miras que necesita nuestro país para afrontar los retos que la ciudadanía necesita.

Preocupa, y mucho, que según la mayoría de las encuestas sean la mujeres y sobretodo los jóvenes los que tengan dudas a la hora de ejercer ese importante derecho que es el voto. Especialmente sangrante es el alto porcentajes de electores que ni si quiera se acercan a ejercerlo. De eso autocritica cero de unos y otros partidos políticos, y del hecho de la desafección de la política de esa parte de la ciudadanía.

Es imperativo ir a votar, y ser posteriormente consecuente con la decisión que se toma, aceptando que quién decide quién nos gobierna son aquellos que deciden ejercer su derecho, y que repercute en el discurrir diario de nuestras vidas en materia tan dispares como: educación y sanidad pública (que debe ser de calidad), reforma de la constitución, vivienda, políticas migratorias y de economía (incluido nuestros impuestos y en dónde se gastan), empleo, política territorial, etcétera.

Yo sí iré a votar el 28 de abril, porque sí estoy preocupado de quién nos va a gobernar, y de que sus decisiones afectarán a las futuras generaciones, después de los grandes esfuerzos realizados por nuestros padres y abuelos en la transición para conseguir los derechos que hoy disfrutamos (sanidad y educación pública de calidad, etcétera) y que configuran un modelo de estado del bienestar que parece se diluye como un azucarillo de modo progresivo, que en cualquier caso habrá que salvaguardar para dejar una herencia de la que sentirse orgullosos para dichas nuevas generaciones.

Habrá que esperar, por la cuenta que nos trae, que el lunes 29 de abril de 2019, haya altura de miras, y que unos/as y otros/as políticos/as hagan los esfuerzos necesarios desde las diferentes corrientes de pensamiento y de sus programas políticos, para alcanzar el mayor de los consensos en las diferentes materias antes mencionadas, para progresar y garantizarlas, donde tengamos un país más justo, moderno y acorde a lo que la ciudadana esperamos, con menos mediocridad en la política y más soluciones de consenso, en aras de preservar y mejorar un país mejor del que heredamos y avanzar, en un mundo globalizado, como las democracias europeas más avanzadas.

Habrá que esperar que después de otorgar la confianza a una formación política, sus propuestas no se desnaturalicen hasta el punto de achacar su no cumplimiento a otros. Siempre está la opción de elegir otra opción política sino se cumple con los ejes esenciales de su programa.

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