Cada cual habla de lo que sabe

Irene González Fernández, la madrileña que pasó varios años en Las Palmas de Gran Canaria, escribe en Vozpópuli un gran artículo comentando el desafortunado y patético vídeo salido de las cloacas de Podemos contra la monarquía. Es el que aunque “ahora sea criticado levemente por Ábalos, forma parte de la estrategia de La Moncloa” (Narcos: La Moncloa (vozpopuli.com).

La autora, con gran sentido de la comparación, se pregunta retóricamente, pues las respuestas son obvias para quien quiera razonarlo y no esté bailándole el agua a terroristas: “¿Cómo sería Colombia si no hubiesen asesinado a jueces, policías y a los grandes demócratas? ¿Cómo sería San Sebastián si no hubiesen matado a Goyo Ordóñez, el concejal del PP próximo a ganar las elecciones? ¿Cómo sería España si ETA hubiese tenido éxito en el atentado contra Aznar antes de ser Presidente, por prometer ‘sólo la ley, pero todo el peso la ley’ contra la banda terrorista?”.

“Dicen que cada uno habla de lo que conoce, el subconsciente, ya saben”, escribe Irene. Cuando leí esa frase me vino a la mente una simpática anécdota sucedida en un Pleno Municipal en tiempos en que era alcalde de LPGC el recordado Juan Rodríguez Doreste, el mismo que remató las obras de la Avenida Marítima iniciada por Juan Ramírez Betencourt muchos años antes. Por cierto esa frase, hablar de lo que se sabe, es muy poco practicada por los “comités de expertos” que pueblan las tertulias de televisión elevando loas y aplaudiendo con las orejas al desastroso gobierno que padecemos y que dedica importantes partidas presupuestarias para mantener bien engrasados esos medios de comunicación privados, a un CIS tan desprestigiado como devaluado o a una TVE totalmente sectarizada.

Se discutía en un Pleno la propuesta socialista de supresión del derecho que tenían unas pocas familias de Vegueta a tener gratuitamente unas dulas de agua, término que significa según la Academia Canaria de la Lengua “turno de riego que corresponde a cada miembro de un heredamiento o comunidad de regantes y que supone una cantidad de agua en un tiempo determinado”. Ese derecho vitalicio les había sido concedido antaño porque habían cedido a la ciudad unos pozos para abastecerla.

La oposición a esta propuesta la defendía, como era habitual, el concejal de AP, Alianza Popular, don Manuel García Feo, gran persona y muy ocurrente en sus réplicas a la coalición de gobierno encabezada por el PSOE, que solía mantener simpáticas trifulcas dialécticas con el no menos ocurrente alcalde, Rodríguez Doreste, dando a los plenos un gracejo especial sin caer en las ordinarieces que hoy son frecuentes.

El alcalde defendía que esos derechos a las dulas de agua eran ya improcedentes y por atávicos debían suprimirse. Le replicaba García Feo que era una cantidad económica tan irrelevante y que se extinguirían por si mismo por razones de fallecimiento de los pocos beneficiarios. Por ser una cuestión casi puramente histórica, no parecía oportuno decretar la extinción de ese derecho.

Don Juan le replicó algo molesto, cito ahora de memoria pero es casi textual, “Don Manuel, si fuéramos a mantener toda la historia, le recuerdo que la Iglesia Matriz de San Agustín, antes de ser templo cristiano, fue el primer burdel de Canarias”. Ante tal afirmación, por muy cargada de razones históricas que tuviera, hizo que Don Manuel se levantara de su asiento, diera un palmetazo en la mesa y casi gritando le espetó al alcalde: “Don Juan…” se produjo un silencio sepulcral en el salón de plenos, “cada cual habla de lo que entiende”. Se relajó el ambiente, hubo risas dada la fama picaresca y donjuanesca de Don Juan, ¡valga la redundancia!

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