Coronavirus, ¿sobrevenido o creado?

A estas alturas estamos hartos de escuchar que la realidad supera la ficción pero, ciertamente, de inicio, aún cuando creía que la mentada frase era un tanto cinematográfica, la realidad de los últimos tiempos me hace pensar que la sobrepoblación existente en nuestro planeta tierra está siendo objeto de obras de laboratorio en aras de menguar los números de habitantes que habitan la misma.

No deja de ser sorprendente y es o constituye una realidad tangible, que un médico de china, por cierto, ya fallecido, alertó del virus que actualmente nos asola en Diciembre del año pasado y no sólo no se estudió su prefacio profesional sino que murió con él.

A esto hay que añadirle el periodista que iba a dar información de la materia que nos ocupa y que, a día de la fecha, está, curiosamente, en paradero desconocido.

¿Estas cepas, virus, son producto del normal devenir de la naturaleza o son creadas con un fin metodológicamente contrastado para paliar la población mundial?; esta apreciación, en modo alguno es una cuestión baladí, tenemos certezas tangibles, contrastadas, de virus creados en laboratorios y cuyo fin, en teoría, se desconoce.

La llamada muerte negra, entre 1357 y 1351, mató a más de 50 millones de personas, causada por la bacteria Yersinia Pestis, que afecto a la meritada cantidad de población europea, bacteria creada en laboratorios.

Otra ejemplo es el virus de la polio, que tanto artificialmente creada como naturalmente suscitada era igualmente potente y mortal; los investigadores que lo produjeron habían tomado su código de las bases de datos disponibles para casi cualquier persona, por esa razón, muchos investigadores temieron y siguen temiendo que las personas puedan desarrollar la misma de manera artificial, añaden, mucho más fácil de producir que la propia viruela.

Más recientemente nos encontramos con la gripe aviar, ésta, contrastada científicamente es muy difícil de transmitir entre humanos, sin embargo, los investigadores al alterarla multiplicó de manera sobresaliente la proliferación de ésta.

Estamos hablando de tratamientos inventados a partir de una matriz que aún siendo potencialmente peligrosa, con la ayuda del ser humano se convierte en letal.

¿Qué pregunta indubitada suscita estas apreciaciones?, ¿a falta de guerras es preciso crear estas cepas artificiales para intentar llegar a una cábala matemática mundial sostenible?, es terrible el mero hecho de pensarlo, pero parece que así es.

La ya narrada gripe aviar natural, insisto, natural, no es una enfermedad transmitida por el aire, sin embargo se estudió, mutó, según parece para evitar un virus mortal que, ojo, los terroristas no pudieran utilizar para arrasar a media humanidad…

Son o detentamos de información tan nimia o de argumentaciones tan surrealistas como la antedicha que hace que el propio ser humano sea el peor virus del ser humano pero, ¿lo es por adentrase en un conocimiento profundo o para hacer una probatura poblacional, con la consiguiente merma de la misma para que el planeta y sus recursos sigan manteniéndose?.

Por último y por mero espacio, nos encontramos con el virus H1N1, datado en 1918, terminó con más de 100 millones de personas, esta mutación de la gripe elevada al cubo regreso en el año 2009 aún más mortal que en el citado año.

El científico Yoshihiro Kawaosaka tomó muestras de esta cepa mutada y la utilizó para que fuese aún más mortal, eso sí, “creyendo” que era una labor de estudio científico para lo que pudiera acontecer en el futuro.

En definitiva, existe un número, está concertado, y unos recursos, están contabilizados y cada vez que nos topamos con una sorpresa vírica y con el silencio más que alarmante de la política social a nivel mundial debemos preguntarnos ¿quién decide cuándo, dónde y cómo?, porque, históricamente es de una certeza ineludible que por motivos, en teoría de prevenir, se han causado las mayores catástrofes artificiales de la historia, de la mano del propio hombre.

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