“Cuentas y cuentos”

‘Un disparate’. Así contestaba un profesor de económicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria a la pregunta de qué le parece que una administración local presuma de «superávit» en la ejecución de su presupuesto anual. En efecto, el concepto de superávit en el ámbito de la empresa privada es un logro, puesto que supone, entre otras cosas, disponer de liquidez una vez alcanzados sus objetivos empresariales cumpliendo, a su vez, con la previsión anual de gastos y beneficios. Esta es precisamente la diferencia entre el ámbito privado y el público, puesto que obviamente un ayuntamiento no se fija como objetivo el éxito económico o el crecimiento, sino la prestación de servicios y el cumplimiento de las obligaciones fiscales en cuanto al pago de la deuda contraída porque el objetivo final no es otro que procurar bienestar.

Aún así, puede que se dé una mala previsión de ingresos y por ese motivo una vez ejecutado el presupuesto obtengamos un superávit, pero no es ese el caso del Ayuntamiento de Telde porque lo que se ha presentado en realidad es un balance donde se reconoce que los ingresos han sido algo superiores a lo previsto, pero se oculta el dato del porcentaje de ejecución presupuestaria, que traducido viene a decir que se está restando eficiencia a la economía local.

Continúa recordándonos el profesor de la facultad de económicas algo que debería ser obvio para nuestros políticos, y es el hecho de que los ingresos de una administración en último recurso provienen de los impuestos. Por tanto, ese dinero que ahora no se ha gastado y que se sustrajo de manos privadas con la razón de mejorar los servicios públicos, finalmente no ha cumplido con su objetivo básico. Ciertamente, dejar de invertir en la mejora de este municipio nada menos que 21,6 millones de euros, a pesar de estar cargando sobre nuestra espaldas uno de los niveles impositivos más altos de la isla, no es precisamente un logro. Mucho menos con las necesidades en materia de los servicios que se prestan al ciudadano, o del arreglo de las antiguas instalaciones, del mantenimiento de calles, de la mejora de los servicios de limpieza o la adecuación de los centros de enseñanza, y un largo listado de carencias que venimos soportando en estos últimos años.

El grado de ineficiencia es aún mayor si se tiene en cuenta que se pueden realizar modificaciones de crédito para precisamente corregir y adaptar las previsiones de gasto en función de las necesidades reales y las contingencias que se presenten. No obstante, es cierto que este remanente permite pagar la deuda municipal y acabar antes de tiempo con el plan de ajuste, pero este objetivo no debe ser nunca a costa del déficit de los servicios que se prestan ,m tal y como está ocurriendo en nuestro municipio.

Tampoco hay que pasar por alto tres cuestiones fundamentales. Por un lado, la gran deuda contraída en el municipio tiene su origen más importante en el sistema elegido para obtener el suelo de los Sistemas Generales, puesto que en lugar del convenio (el acuerdo entre partes), se optó en su día por la expropiación de suelo privado, el cual hemos terminado por pagar a precio de oro. Por tanto, hay cierta lógica en que los partidos políticos que generaron este endeudamiento se esfuercen ahora en liquidarlo, pero no olvidemos que se hace fundamentalmente con el dinero que sale de nuestros impuestos, no lo olvidemos.

En segundo lugar, la ley de control del gasto, la conocida Ley Montoro, impide precisamente gastar el superávit y, por ese motivo, aparte de acortar los plazos de la amortización del plan de ajuste, no tiene sentido fijarse como objetivo el ahorro, máxime en un municipio con unos datos socioeconómicos que nos ponen a la cabeza en paro, pobreza y desigualdad, porque mejorar esta realidad, y más teniendo en cuenta las dificultades que ya se empiezan a notar debida al Covid-19, debe ser nuestra prioridad.

En tercer lugar, hablar de «resultados avalados por parte de los habilitados nacionales» como justificación a esta cantidad multimillonaria sin gastar, no es más que un esfuerzo en vender un relato distorsionado, puesto que es a los representantes políticos, y no a los técnicos, a quien corresponde hacer los presupuestos, introducir los cambios necesarios y, finalmente, ejecutarlo.

Ya hemos hablado de cuentas, y ahora les hablaré de cuentos. La casualidad hizo que el mismo día que el gobierno municipal publicara su nota de prensa sobre la excelencia de su gestión económica, visitáramos una asociación de vecinos de Telde que lleva más de 30 años sin luz en su local social. Un edificio hecho con fondos públicos que quedó inacabado y, desde entonces, viene utilizándose de manera precaria por los vecinos del barrio. Después de todos estos años reclamando la conexión a la red, han optado por resolver ellos el problema ante la pasividad del ayuntamiento. Hacen bien, porque ha quedado claro que en Telde todo euro que no se gasta va a las arcas del Ministerio de Hacienda y no a mejorar los servicios que se prestan a la ciudadanía.

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