Donde dije digo, digo Sánchez

No sé muy bien si ha habido precedentes en la historia de la humanidad en la que un gobierno haya dicho y desdicho tantas cosas en tan poco espacio de tiempo como el comandado por Pedro Sánchez. A veces ha mudado de opinión con horas de diferencia. La duda que puede plantearse es si lo que anuncian es sólo para engatusar a los incautos o si realmente obedece a desconocimiento e irreflexión gubernamental socialista. No es que los ministros y políticos mientan sin sonrojarse, eso va de suyo, sino que lo hagan con tal desfachatez y solemne fatuidad. Esperan que nos traguemos sus ruedas de molino. Y sus acólitos, aplaudiendo avergonzados a la espera de un cargo público.

El asunto del ataque frontal a la Justicia española, usando como cabeza de turco al Juez Llarena, es uno de los casos de miseria moral y política mas lamentables de los últimos años. La ministra del derecho, llamarla de Justicia es un exceso, no tardó ni unos minutos en decir que la demanda de Puigdemón era un asunto privado y a su gobierno que lo registraran. En cuanto las asociaciones de Jueces y Fiscales tuvieron tiempo y ocasión de leer el texto, clamaron contra la imprudencia gubernamental. Bueno, no se sumó a lo que era de sentido común la asociación de mucho progreso Jueces para la Democracia, cuyo sólo nombre chirría en la España actual y en la de Sánchez.

Inicialmente pretendían castigar a un funcionario público haciéndole cargar con las minutas de procuradores, abogados y facturas farmacéuticas para prevenir un patatús en el acusado, que por muy juez que sea, es una persona humana a la que no le gusta verse vilipendiado. Como dice el refrán querían verlo cornudo y apaleado. Y hemos podido oír a Pedro Sánchez proclamar en Chile que él defendió al juez desde el minuto uno, así mismo como Lenin manda y sin despeinarse a pesar de las sofocadas risas incrédulas de los periodistas, incluso de los que le bailan el agua siguiendo el consejo de Allende “el periodista revolucionario no se debe a la verdad, sino a la revolución”.

La admiración por el presidente suicida es tanta, que Sánchez no dudó en proclamar para que constara en su hagiografía que él se hizo socialista a raíz de lo sucedido allí durante la dictadura de Augusto Pinochet. Algunos periodistas presentes, con cierto rubor, le hicieron notar que el golpe de Estado contra Allende fue en 1973 y que él nació en 1972. Pero ¿qué importan las fechas si el mensaje es bueno y cala entre sus seguidores, para los que eso sólo son detalles provocadores de la derecha?

Y como la estulticia no viene sola, habló Alberto Garzón de Llarena: “Se le mete una querella por bocazas y ahora pide amparo”. Al político de Unidos Podemos no le han contado en sus televisiones el conocido“error” de traducción. Y puestos a parlotear, de pasada pide la libertad para los golpistas. Está claro quien es el bocazas imprudente, por no decir mentiroso. A pesar de que el Gobierno con sus apoyos políticos y mediáticos se esmeraron en comprar y vender a su público la mercancía averiada de que había habido un error de traducción, poco ha tardado en conocerse la verdad y salir en su autodefensa la traductora, desmintiendo a los abogados de Puigdemont que fueron los que redactaron la denuncia original en francés y que ella tradujo fielmente al español, como es su obligación y oficio. Y, otra vez más, Sánchez rectifica en un plis-plas obligado por la clamorosa e indisimulable evidencia.

La gira por Sudamérica no deja de deparar sorpresas alucinantes. En Colombia, ante la contundente denuncia contra el régimen chavista de Venezuela del presidente Duque, Pedro Sánchez se arroga como iniciativa suya un fondo de 35 millones para Venezuela que negoció Rajoy en la UE. ¿No decía Rubalcaba que no nos merecíamos un gobierno que nos mintiera?

Por cierto, ¿alguien ha leído, con sentido técnico y no político, la celebérrima tesis doctoral de Sánchez, que es un arcano similar al secreto de Fátima con que nos aterrorizaban antaño? ¿Se ha publicado la composición del tribunal que la calificó para saber de qué ganadería eran? Reconozco que tengo cierta curiosidad, tampoco es una urgencia vital, por eso pido que alguien nos ilustre, aparte de Miguel Sebastián, porque el ilustrador que ilustre, ¡buen ilustrador será!

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