El alzamiento del 2 de mayo de 1808

Hoy 2 de mayo los españoles celebramos lo que ocurrió en Madrid, el aciago día de 1808, que significó el inicio de la Guerra de la Independencia, que se consumó con la expulsión de los franceses de España, y la inminente caída del Imperio Francés, que se culminó en la Batalla de Waterloo, donde el ingles Lord Wellington (1) derrotó sin ambages y con claridad a las tropas napoleónicas.

Esta efeméride por tratarse de una de las gestas más importantes de la historia de España, (posiblemente comparables a la expulsión de los musulmanes de Granada, último bastión “moro” gobernado por Boadil, la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano, e incluso el descubrimiento de América), debería ser celebrada con todo el boato que se merece, recordando a muchos de aquellos mártires que cayeron mientras duro la contienda (1808-1814). Y que se alzaron en la capital precisamente el día señalado, arrastrando a la movilización a todos los españoles.

El Motín Aranjuez, dio pie a las protestas contra el ejercito de Napoleón, que al mando del general Murat había ocupado la capital de España. Las proclamas de indignación y llamamientos públicos a la insurrección armada, dio el fruto esperado y en todo el territorio nacional sonó el toque de “rebato”, donde los campesinos, armados con navajas, guadañas, palos, asadas y otros artilugios se echaron a la calle a pelear contra el invasor.

Tras el Tratado de Fontainebleau que tuvo lugar el 27 de octubre de 1807, que permitía la entrada en España de las tropas aliadas francesas con el objeto de dirigirse a Portugal, se convirtió en una ocupación en toda regla de nuestro querido y amado pueblo.

El 24 de marzo de 1808, se produjo la entrada triunfal de Fernando VII acompañado por su padre Carlos IV, que acababa de ser obligado a abdicar a favor de su hijo. Ambos son obligados a trasladarse a Bayona a reunirse con Napoleón, donde se producirían las abdicaciones del mismo nombre, que propició la imposición de que la corona de España fuera ocupada por José Bonaparte más conocido por “José botella”. Esta “triquiñuela” malsana napoleónica se convirtió en un “secuestro” en toda regla de los reyes españoles.

El 27 de abril el general Murat, Jefe Supremo de las tropas napoleónicas en España, solicitó supuestamente en nombre de Carlos IV, la autorización para el traslado a Bayona de los dos hijos de esté que quedaban en Madrid, la reina de Etruria María Luisa y infante Francisco de Paula, ante esta intromisión de Murat de quererse llevar a Francia a los dos hijos de Carlos IV, la lucha callejera adquirió tal virulencia, que llevó a Pérez Galdos a escribir lo siguiente:

“-En el pretil de los Consejos por San Justo y por la plazuela de la Villa, la irrupción de gente armada viniendo de los barrios bajos era considerable; más por donde vi aparecer después a mayor número de hombres y mujeres, y hasta enjambres de chicos y algunos viejos por la Plaza Mayor, y los portales llamados de Bringas, hacía la esquina de la calle de los Milaneses, frente a la Cava de San Miguel, presencie el primer choque del pueblo con los invasores, porque aparecieron una veintena de franceses que acudían a incorporarse a sus Regimientos, fueron atacados de improviso por una cuadrilla de mujeres ayudadas por media docena de hombres-”. Benito Pérez Galdos: 19 de marzo y el 02 de mayo.

Mientras se desarrollaba la lucha, los militares españoles, obedeciendo las órdenes del Capitán General, Francisco Javier Negrete, permanecían acuarteladas y pasivas, sólo los artilleros del Parque de Monteleón desobedecieron las órdenes y se unieron a la insurrección. Los héroes de mayor graduación de aquella jornada los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, tomaron el mando de los alzados contra el invasor.

Se encerraron en Monteleón junto a sus hombres y decenas de ciudadanos que se les unieron, repelieron con “honor y gloria” los ataques de las tropas de Murat, mandadas por en general Lefranc. Sin embargo luchando heroicamente murieron ante los refuerzos enviados desde el cercano Palacio de Grimalde cuartel general de Murat. Otros jóvenes militares que tampoco acataron las ordenes superiores de no intervenir, lucharon y murieron junta a Daoíz y Velarde, el teniente Jacinto Ruiz y los alféreces de fragata Juan Van Halen y José Hezeta.

Fueron muchos los tenientes generales que lucharon hasta la extenuación para expulsar a los “gabachos” de España, destacando, Francisco Javier Castaños, Palafox, Mendizabal, Odonell, así como el capitán José Casas y los oficiales citados que cayeron heroicamente en el Parque de Artillería de Monteleón.

Entre los civiles que desde un principio crearon sus propios grupos convertidos en “guerrilleros”, que pusieron en jaque a las tropas francesas: Juan Martín “el empecinado”, Montenegro, Almeida y el abad de Valladares, el conde de Alacha, Juan Palarea “el medico”, Agustina de Aragón, que al pie del cañón en Zaragoza, puso en franca huida a los franceses.

Las batallas donde los españoles rompieron la hegemonía francesa con valor e hidalguía fueron entre otras: Bruch, Zaragoza, Valencia, Bailén, Arapiles, Vitoria, San Marcial. El Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813), restauró a Fernando VII como rey de España sin presencia de extranjeros.

El diciembre de 1812, por orden de la Regencia de Cádiz, se llevó a cabo la reestructuración del Ejercito Español, el general Copons en Cataluña compuesto por 16.000 soldados; Segundo: el grupo de Elio en Murcia que contaba con 20.000 soldados; Tercero: el grupo del Duque de Parma, con 12.000 soldados sicilianos y finalmente el Cuarto: la Reserva de Cádiz comandada por el general Odonell.

En octubre de 1813 los franceses capitulan en Pamplona, y el 29 de diciembre del mismo año, Napoleón obliga a su hermano José abdicar.

La pesadilla había terminado, y Fernando VII llamado “el
deseado”, volvió a sentarse en el trono de España, libre de ataduras, y su agradecimiento al pueblo español jamás dejo de tenerlo presente durante su reinado. El pintor Goya inmortalizó en un bello cuadro el “Fusilamiento del 2 de mayo”.

(1).- El I Duque de Wellington ( en general ingles, Sir Arthur Wellesley – Dublín, Irlanda 01 de mayo de 1769- Walmer, Kent, Inglaterra 14 de septiembre de 1852). Se distinguió en la Guerra de la Independencia Española, por la gran ayuda que significó su participación, en reconocimiento de la gran labor realizada, el rey le concedió entre otras condecoraciones el, Toisón de Oro, la Gran Cruz de San Fernando, además de los siguientes títulos nobiliarios: I Duque de Ciudad Rodrigo, I Vizconde de la Talavera de la Reina y Grande de España.

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