El colegio Montiano Placeres de Telde gana un premio del Gobierno de Canarias por su proyecto ‘Jinámar, ayer y hoy’

La obra teatral más conocida del escritor Antonio Buero Vallejo presentaba las historias de los vecinos de un viejo edificio de Madrid a través de sus encuentros en la escalera principal del edificio, testigo de amores, frustraciones, esperanzas y traiciones. Si no hubiera sido escrita treinta años de la construcción del colegio Montiano Placeres, bien podría haberse inspirado en la escalera que atraviesa el centro escolar, que en sus inicios no solo era transitada por los más de 1.000 niños matriculados en sus aulas durante la década de los 80, sino también por toda la vecindad.

Esta infraestructura era, en el momento, la forma más fácil de acceso desde el punto más alto del nuevo barrio hasta la zona más llana. Cientos de personas cruzaban de forma diaria la plataforma por necesidad, a pesar de que tuvieran que introducirse en las instalaciones educativas durante el horario de clase. De este manera el colegio acabó por convertirse en un punto de encuentro, no sólo para el desarrollo de la formación educativa de los menores, sino también para la puesta en marcha de actividades sociales, asambleas políticas e incluso actos religiosos.
La escalera que narra historias

La escalera que narra historias

La importancia de las escaleras del Montiano Placeres se desdibuja cada vez más con el tiempo, pero los niños que ahora mismo cursan en el centro han querido sacarla a reflote. A través de una pieza audiovisual efectuada con la técnica del stop-motion, los pequeños cuentan la historia de su barrio en los últimos 40 años, tomando como centro principal de la narración el propio colegio público y, por ende, sus escaleras. El cortometraje, que han denominado Jinámar, ayer y hoy, fue seleccionado como ganador del tercer premio del certamen Canarias a pie de foto, que organizó el área de Educación del Gobierno de Canarias para motivar al alumnado canario a investigar sobre el patrimonio histórico-cultural de sus respectivas localidades.

Los estudiantes de cuarto, quinto de primaria y el aula enclave se enfrascaron durante meses en este proyecto, efectuando primero una exhaustiva investigación sobre el pasado de su barrio con la ayuda del profesorado. Asimismo, efectuaron entrevistas a sus familiares más mayores para conocer anécdotas y curiosidades de la zona y solicitaron fotografías antiguas para comprobar el estado del barrio antaño. Durante este proceso también se acercaron al centro las vecinas Soledad Rodríguez y Josefa Hernández, testigos de la modernización del Valle a lo largo de los años, para contar en primera persona sus propias experiencias. Finalmente, los pequeños se dedicaron durante varios días a dibujar y pintar cada uno de los fragmentos con los que después se compuso el vídeo animado, así como a redactar un texto que sirvió como narración en voz en off, tomando el propio colegio (primer centro escolar en construirse en la zona) como principal protagonista para contar la historia del Valle de Jinámar.

La falta de infraestructuras públicas, la venta ambulante, las fincas de plataneras y caña dulce y las primeras convivencias de los grandes bloques que caracterizan la zona son algunos de los temas que se tratan en la película corta, en el que también quedan reflejadas las luchas vecinales para mejorar su calidad de vida; las reuniones organizadas por diferentes colectivos en las propias instalaciones educativas e incluso sucesos trágicos como el incendio de uno de los edificios residenciales, que ocasionó la muerte de dos niños y heridas graves a una treintena de personas. El proyecto abarca los sucesos más importantes de la historia de los jinameros y ha supuesto para los pequeños un trabajo importante no solo de aprendizaje, sino también de identificación con su barrio y de construcción de sus identidad.

«Me gusta permanecer al barrio de Jinámar», exclama convencido Pablo, uno de los pequeños que participó en el proyecto. «La verdad es que me sorprendió mucho conocer como era Jinámar antes, cuando no había casi nada; había una finca antes del colegio, no me lo esperaba», sostiene sorprendido. El pequeño, como otros compañeros, tuvo que preguntar a sus padres y abuelos por sus recuerdos en esta localidad para hacerse una idea de cómo han cambiado las cosas. «He aprendido muchísimo. Por ejemplo, no sabía que la Noria de Jinámar era un molino, ni sabía que había yacimientos arqueológicos en la zona», sostiene, resaltando que su trabajo también hizo que incluso su familia aprendiese sobre la historia. Y no es la única.

«Incluso a nosotros no han hecho aprender cosas», expresa Leyda García, directora del centro. «Escuchar a la gente que formó parte de esto nos hizo que se nos saltara las lágrimas, fue muy emocionante», añadió, pues incluso entrevistaron al actual portero del colegio, José Antonio Navarro, que es el hijo de su primer vigilante. Asimismo, la docente admite que fue un trabajo muy duro. «Apenas había información de los inicios de Jinámar en internet, ni tampoco muchas fotografías antiguas», confiesa. Los profesores que participaron en el proyecto tuvieron que invertir numerosas horas libres, una vez concluían las clases, para organizar el proyecto. También tuvieron que usar material propio para poder ejecutar el vídeo, como focos; cámaras y herramientas de sonido.

«Queremos invertir los 1.000 euros que conlleva el tercer premio de la Consejería para comprar material de grabación para el centro, porque nuestra intención es seguir realizando proyectos de este tipo», añade. La dirección organizó hace unas semanas una presentación de Jinámar, ayer y hoy para los padres, en la que estuvo presente el inspector de Educación, Paco Castellano, y los concejales de Educación y del distrito de Jinámar, Juan Francisco Artiles y Servando González. «Me ha encantado el vídeo y sobre todo destaco de su contenido el protagonismo del propio colegio y de su escalera, que se ha convertido sin quererlo en un símbolo de unión para los vecinos; en el colegio se forja la evolución de un pueblo, hay que tener eso presente», añadió el edil de distrito tras visionar el corto.

La directora recuerda que al certamen se presentaron una treintena de colegios de todo el Archipiélago, pero de la Isla de Gran Canaria fueron solo dos centros educativos del municipio de Telde los que consiguieron alzarse con premios; además del de Montiano Placeres, un proyecto efectuado por el instituto de La Rocha también fue reconocido en el concurso. «Nuestra intención era dar valor al barrio y que los niños se sintieran parte de él; ya los pequeños de sexto de primaria estaban inmersos en la escritura de cuentos para un libro recopilatorio que también se centraba en la identidad jinamera, y nos pareció que ese concurso venía muy bien para trabajar con los más pequeños», añade la directora.

La escalera del Montiano Placeres está actualmente tapiada para evitar, precisamente, la entrada y salida de personas ajenas al recinto. Aunque es completamente lógico, pues atiende a la seguridad de los menores, de los trabajadores y de las propias infraestructuras, también es inevitable pensar que una parte de su historia ha quedado cortada. El barrio ha cambiado mucho desde entonces, así como su gente, pero su historia jamás podrá ser borrada. Judith Pulido;laprovincia.es

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