El ‘esperpento’ político de la reubicación los puestos del Mercado Municipal

La política en Telde se ha convertido en algo grotesco. La imagen ofrecida por Nueva Canaria en la reubicación de los empresarios del Mercado Municipal en las “trincheras” de Narea, ha sido, además de bochornosa, lamentable.

El presidente del Cabildo Antonio Morales y la alcaldesa de Telde Carmen Hernández, a lo “bienvenido mister marshall” resultaba de lo más patética, cuando han provocado pérdidas económicas a estos empresarios de más de 150.000 euros.

La imagen se puede calificar de grotesca, porque el día que se cerró el mercado, la Alcaldesa no apareció por ningún lado ni dio la cara después de estar advertida desde hacía dos años del inminente cierre del Mercado Municipal, sin embargo, a la hora de hacerse la foto todo eran risas y parabienes. La tristeza del día del cierre se la comieron a pulso los empresarios del Mercado Municipal, por eso esta apertura improvisada en un mercadillo que además tiene a sus legítimos ocupantes tirados en un aparcamiento polvoriento junto a la Policía Nacional, no es más que otro triste esperpento de este impresentable Grupo de Gobierno.

Hay quien opina que cada sociedad tiene los políticos que se merece. No estoy de acuerdo. Considero que Telde es una ciudad muy tolerante y se merece unos políticos con más amplitud de miras. Sin embargo, el Grupo de Gobierno actúa como si el municipio fuera su finca particular.

Lo de las alharacas de la reubicación de los empresarios del Mercado Municipal es de oportunistas y advenedizos aprovechados de la buena fe de estas personas que lo que quieren es salvar como puedan la comida de su casa. Pero claro para gente que desconoce lo que es madrugar para trabajar como hacen los puesteros cada día, esto carece de valor.

Un comentario sobre “El ‘esperpento’ político de la reubicación los puestos del Mercado Municipal

  • el 29 diciembre, 2018 a las 4:36 pm
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    Menudos IMPRESENTABLES están por la foto para las elecciones en mayo sobre todo el Antonio Morales después de la MATANZA DE CABRAS y dejándolas que se pudrieran en el campo una vez abatidas y pagando a tiradores peninsulares con dinero del pueblo Canario

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