El imposible pacto educativo

Es una evidencia para todo aquel que quiera verlo sin prejuicios, que desde que se aprobó en 1990 la LOGSE sustituyendo a la Ley General de Educación de 1970, el deterioro en los niveles formativos ha sido progresivo. Y lo que aún es peor, el estudiar ha dejado de ser el ascensor social y económico para permitir que los menos favorecidos económicamente, con la ayuda sólo de su esfuerzo, mérito y capacidad pudieran alcanzar las metas que se propusieran, al margen de influencias o enchufes políticos o familiares.

A mi entender, dos fueron los errores fundamentales de la filosofía buenista que inspiraba la LOGSE. El primero es confundir la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados. Que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades para su desarrollo académico parece una cuestión básica de la vida en sociedad e implementarla depende de los gobiernos. Pero lograr la igualdad de resultados es una quimera imposible de alcanzar por mucho maquillaje estadístico que se haga para aparentarlo. Los resultados del proceso educativo son una cuestión personal de cada individuo, dependiente del interés, esfuerzo, capacidad y voluntad del estudiante. No es un objetivo social, lo es individual. Esta es una diferencia esencial que enfrenta el modelo socialista y el liberal.

El segundo error, que casi es un corolario del primero, fue introducir la comprensividad en el sistema educativo, a pesar de que esa filosofía pedagógica ya estaba siendo abandonada en los países europeos tras constatar su fracaso. “Cuando se habla de Escuela Comprensiva se está haciendo referencia a un determinado tipo de institución escolar que ofrece a todos los alumnos una misma forma de enseñanza, que desarrolla un currículo básico común dentro de un mismo centro y una misma aula con la finalidad esencial de lograr una educación integradora que dé respuesta a las aspiraciones de igualdad de oportunidades para todos los alumnos, sin que ello suponga que se excluya la atención a la diversidad que existe siempre en los alumnos de una misma escuela”, puede leerse en la Wiquipedia.

En la práctica ese igualitarismo buenista ha logrado adocenar a los estudiantes y bajar drásticamente el nivel de conocimientos y formación. A los políticos les preocupa mucho el altísimo índice de abandono escolar, pero no por el drama que significaba para los alumnos, sino porque les estropeaban las estadísticas y las calles se llenaban de chicos que hoy se denominan “ninis”, que ni estudian ni trabajan, y que tampoco quieren hacerlo si ello les implica el sacrificio y esfuerzo que tuvieron que hacer sus padres en tiempos más difíciles y con menos oportunidades y medios.

Al no poder separar a los alumnos por su rendimiento escolar, segregación lo llaman los que defienden el modelo comprensivo, implicará necesariamente que el nivel medio de la clase ha de disminuir para tratar de igualar a todos poniendo el listón lo más bajo posible. Las estadísticas de abandono o de suspensos aparentemente mejoran, pero la preparación para la vida de los chicos se deteriora sin remedio. Ellos lo perciben así y cunde el desánimo que lleva al desinterés. El círculo vicioso del fracaso educativo rueda sin remedio.

Por otro lado es muy probable que los alumnos que quieran esforzarse para lograr un mejor rendimiento escolar, no tengan la oportunidad de hacerlo en un aula llena de adolescentes que no quieren estar en ella. Se pierden así muchos buenos estudiantes. Y esto, que comienza en los niveles más básicos de la enseñanza, es como una bola de nieve que crece al rodar montaña abajo. Como el nivel medio con el que los alumnos van superando los cursos va disminuyendo, en la nueva reforma quieren que titulen hasta con suspensos, el nivel de exigencia también decae en cada uno de los niveles hasta llegar a la universidad. Y eso condiciona a los profesores, haciéndolos temerosos de ser acusados demagógica e injustamente por ser excesivamente exigentes en sus materias.

Por eso, existiendo dos modelos básicos educativos, el colectivista encarnado en la escuela comprensiva con fines de ideoligización social y política, y el modelo formativo, que pretende desarrollar el mayor potencial del individuo para prepararlo para el futuro profesional, es imposible lograr un pacto educativo. Unos creen que se forma en la escuela y se educa en casa, mientras que los otros tienen una visión más totalizadora y estatalista. Por eso ha fracasado ese intento cada legislatura.

Y también por todo eso, fruto de mi desesperanza en la acción de los muy mediocres políticos actuales, recuerdo una de las frases que en filósofo danés del siglo XIX, Soren Kierkegaard, dejó a sus lectores: “El estado más doloroso del ser humano consiste en recordar el futuro, sobre todo el que nunca tendrás”. ¿Cuantas víctimas de la LOGSE sentirán hoy y mañana lo mismo que el pensador existencialista?

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