El mercadillo de Sánchez

La estupenda serie televisiva “House of cards”, castillo de naipes en español, parece retratar con total claridad al Presidente Pedro Sánchez y sus fieles, con carné del PSOE actualizado, no fuera a ser que enchufen en algún cargo a alguien de derechas, como espetó Adriana Lastra en una de sus impagables alocuciones. La gestión y nómina pública al servicio del sectarismo.

En esta serie Francis Underwood llega a ser presidente de los EEUU sin haber sido elegido por el pueblo, usando sin reparo todo tipo de triquiñuelas, mentiras y medias verdades, comprando voluntades de políticos y periodistas, repartiendo cargos y prebendas a los propios y a los otros, aplicando lo que él define como realismo pragmático y que sólo es voluntarismo y cínica fatuidad presidencial para perpetuarse en el poder. Puro trilerismo político.

Al final del capítulo 4 de la 5ª temporada, Francis comenta su personal filosofía con su mujer, Claire, tan amoral como él mismo. “Los ciudadanos no saben lo que es mejor para ellos, yo sí. Yo sé exactamente lo que necesitan, son como niños pequeños, Claire… tenemos que sujetarles sus pegajosos dedos, limpiarles sus sucias bocas, enseñarles a diferenciar el bien del mal, enseñarles qué pensar, qué querer y cómo sentir… por suerte para ellos, me tienen a mí y te tienen a tí… Underwood”.

Y en versión carpetovetónica, Sánchez dice que el pueblo español se reconoce en su gobierno, tan providencial como siempre afirman los caudillos que es. Anuncia leyes para consolidar su propia y parcial memoria histórica, volver a la educación para la ciudadanía, sacar a Franco del Valle de los Caídos, acercamiento de presos -los de ETA y los políticos presos catalanes- para facilitar su excarcelación, mantener las fronteras pero eliminar los obstáculos para que las asalten, una reforma constitucional tan indefinida públicamente como lo es el mismo proponente para contentar -si es que eso fuera metafísicamernte posible- a los separatistas y podemitas que tanto gritan y amedrentan a los ciudadanos de bien. Y como anuncio estelar está el volver a negociar con golpistas, pero con una sonrisa y sólo Dios sabe qué concesiones por debajo de la mesa, tanto políticas como económicas. “Lealtad federal”, le ofrece a Puigdemón y a su escudero Torra abiertamente y como mensaje subliminal al resto de los partidos rupturistas, que toman cumplida nota. Y así una larga lista de despropósitos, que muchos esperamos que sólo sean anuncios electoraleros sin en menor deseo ni posibilidad de llevarlos a término. Ya está muy acreditado en Sánchez decir Diego donde antes decía digo.

No hay capítulo de House of Cards en que no triunfe la maldad, la avaricia y la manipulación pura y dura de la realidad en su propio beneficio, que es lo que hoy en España se llama eufemísticamente la posverdad o realidad paralela. Tan real y universal es la cosa, que ningún cineasta español osaría rodar aquí una película o una serie de TV que hablara de la corrupción y de los abusos del poder ejecutivo en los términos que se hace usualmente en los denostados EEUU, salvo que se trate de reinventar la historia franquista. Con películas y series como esta, los americanos conjugan día a día lo que es la libertad y la independencia de pensamiento que procura el no estar subvencionado por el gobierno de turno, de reparto o de asalto, que de todo hay y ha habido en nuestro país.

Lo más desilusionante de estos asuntos es que son transversales. PP y PSOE comparten el principio maquiavélico de que la política es el arte de lo posible en cada momento. Y para que el momento llegue, se manipulan y se controlan financieramente, vía publicidad institucional, los medios de comunicación. No hay principios, hay oportunidades y oportunismos.

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