El peligro de los smart cities

Introducción

En la actualidad el ciudadano se encuentra en un constante proceso de adaptación a los vertiginosos cambios producidos por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), responsables de la profunda transformación social. La comunidad global que se está creando como producto de estos cambios se conoce como Sociedad Digital.

En este sentido los continuos avances tecnológicos están dirigiendo la economía digital. La tecnología digital muestra un crecimiento espectacular en capacidad y precio-ejecución. Por ejemplo, el ancho de banda y tráfico en Internet, la velocidad de los procesadores y capacidad de almacenamiento. Este ritmo de crecimiento ha sobrepasado cualquier otra tecnología.[1]

“Las tecnologías más disruptivas en dicho campo son, entre otras: las tecnologías asociadas a la movilidad, el computo de la nube, el manejo de cantidades ingentes de datos- “Big data”- que hace posible el medir, procesar y actuar en tiempo real, así como, hacer viable el análisis de dichos datos, el M2M-Machine to Machine- que interconecta máquinas entre sí y posibilidad de la automatización de los procesos, las redes sociales, las tecnologías asociadas a los nuevos modos de aprender y llevar a cabo trabajo en comunidades, generándose una cultura y sociedad colaborativas, y, naturalmente, las tecnologías de redes ultrarrápidas y de gran capacidad tanto móviles como fijas, es decir la conectividad que interconecta todo”.[2]

Parece ser que las claves de la Sociedad del futuro serán la integración y pensamiento colectivo o reflexión conjunta. Desde una perspectiva global, las ciudades y la industria están desarrollando herramientas operacionales coherentes para optimizar y administrar el territorio urbano y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Estas herramientas son la traducción práctica de una comprensión más profunda de interdependencias y sinergias entre sectores tales como el transporte, energía, planificación urbana, desarrollo económico, medio ambiente, salud y otros. Esta tendencia significa que el concepto de “Smart city” no es solamente una palabra clave.[3]

¿Qué es un Smart City?

No existe una definición universalmente aceptada para “Smart City”. A lo más que se puede aspirar por ahora es a formular definiciones operativas pues los intentos de delimitar el concepto pueden diferir significativamente en el énfasis.[4] En esta línea, algunos han descrito al “Smart City” como un concepto caótico.[5]

Gran parte del debate se centra en el uso de tecnologías de información y comunicación para abordar los problemas urbanos. Esto podría limitarse a pensar sobre cómo la Web 2.0 o las redes sociales pueden ayudar a las autoridades locales para proporcionar servicios de manera más eficiente y responsable. También puede explorar cómo la unión de diferentes fuentes de datos puede facilitar nuevas formas de comprender y abordar temas urbanos o generar nuevos tipos de servicios urbanos. O podrían centrarse en el potencial del Internet de las Cosas y las redes de sensores para ayudar a afrontar problemas tales como la gestión de la contaminación o el tráfico aéreo, asimismo es un instrumento que las industrias inteligentes deben desarrollar y promover porque puede constituir la base para el desarrollo financiero en la economía urbana del Siglo XXI.[6]

En este aspecto, muchas definiciones intentan apresar diversas facetas del debate. Por ejemplo, “una ciudad es inteligente cuando las inversiones en capital humano, social, tradicional (transporte) y moderna infraestructura de la comunicación (TIC) fomenta el crecimiento económico sostenible y una alta calidad de vida, con una gestión prudente de los recursos naturales, a través de la participación del Gobierno”.[7]

Quizás la evolución gradual del concepto de Smart City nos sitúa en la senda de la “Tercera Revolución Industrial”[8], donde se persigue la fusión de las tecnologías de Internet con las energías renovables. De acuerdo a Rifkin, en el futuro las viviendas, oficinas y fábricas, producirán su propia energía verde y compartirán unas con otras una “Internet energética”, del mismo modo en que ahora creamos y compartimos información en línea.

La lógica de este pensamiento estriba en que el modelo socioeconómico actual debe cambiar antes de que los recursos se agoten. Pues los grandes desafíos de los Smart Cities serán la sostenibilidad medioambiental y la economía aunque sacrificando la privacidad y amenazados por los riesgos de la seguridad al multiplicarse los puntos de acceso.

Es innegable que la ciudad es una unidad de apoyo básico del crecimiento económico de la innovación, el progreso social, la cultura, el conocimiento y de la diversidad dentro de un País. Sin embargo, detrás de este pensamiento de que los recursos naturales son finitos y la convergencia de los efectos del crecimiento demográfico y cambio climático, ¿existe otra finalidad que la población desconoce?

Posiblemente, ya que la amenaza a la calidad de vida y estabilidad económica social sin precedentes exige la modificación drástica del comportamiento de la ciudadanía.[9] No se puede concebir un Smart City sin los ciudadanos que viven y trabajan en la urbe, pues son el impulso y esencia de la ciudad. Por este motivo, el coordinador de un estudio titulado “La tendencia inteligente de las ciudades españolas” elaborado por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), reconoce que “muchos proyectos de Smart city no prosperan en las ciudades debido a los volúmenes de habitantes sobre los que hay que trabajar y a los presupuestos disponibles”.[10] Este comentario es por lo menos curioso por sus connotaciones.

En este punto lo que sí puedo afirmar es que el “Smart City” parece ser un paraguas conceptual que agrupa las ciudades con sus diferentes apellidos (digitales, innovadoras, sostenibles, verde, del conocimiento, y otros).

Esto me hace pensar que la problemática subyace en que cada ciudad es única con un desarrollo histórico propio que produce unas características actuales que condicionarán las dinámicas futuras. Por tanto, la evolución del concepto de ciudad inteligente dependerá de una mezcla compleja de tecnologías, factores sociales y económicos, la estructuración y organización de la gobernanza y las motivaciones o impulsores empresariales y políticos.

Política pública y smart cities

La implantación o la puesta en marcha de una ciudad inteligente dependen de la política pública de cada Estado o administración local. Al carecer de una definición universalmente consensuada sobre el concepto de política pública, como definición operativa considero que incluye un proceso de toma de decisiones y resultados o determinaciones de especial resonancia respaldadas por los poderes coercitivos del estado. En su núcleo, la política pública es una respuesta a un problema percibido.[11] De esta manera, el concepto de gobernanza actual surge dentro de un proceso de globalización en el cual aparece una idea de gobierno distinta a la que habíamos conocido hasta ahora. Se ha producido un cambio social que ha provocado la necesidad de colaboración entre el sector público y el sector privado, creando redes capaces de atender las necesidades de la sociedad.[12]

En esta vía la gobernanza es una variable global clave que abraza al resto como subcategorías. Dentro de estas categorías se han identificado ocho factores críticos dentro de las iniciativas de Smart cities que son importantes para analizar y comprender la gobernanza de las ciudades inteligentes: a) administración y organización; b) tecnología; c) gobernanza; d) contexto de la política; e) personas y comunidades; f) economía; g) infraestructura incorporada y h) entorno natural. Estos factores pueden ser muy útiles en el momento de examinar cómo un gobierno local concibe y persigue iniciativas de las ciudades inteligentes, y más aún innovaciones en gobernanza y política pública.

Evaluar los factores de sostenibilidad y habitabilidad así como factores internos y externos que afectan al diseño e implantación de las iniciativas de los Smart cities constituyen un marco de análisis adecuado. En vez de producir un conjunto de componentes para clasificar las ciudades inteligentes, el marco de trabajo y enfoque en la gobernanza permite caracterizar las iniciativas de diseño del Smart city, cómo las iniciativas son implantadas y cómo afrontar nuevos desafíos.

El impacto de los Smart cities

Desempleo

Uno de los grandes desafíos de las ciudades inteligentes es la desorganización del mercado laborar. La aparición de tecnologías disruptivas está haciendo que desaparezcan muchos empleos. Esta situación requiere el rápido reciclaje hacia las habilidades que el siglo XXI requiere para que las personas mantengan su empleo. Surgen nuevas formas de trabajo que sustituye a las tradicionales. Por lo que el reto de la ciudad es hacer la transición lo menos traumática posible renovando y analizando las opciones rápidamente. Si la ciudad no reacciona ágilmente experimentará paro de larga duración sin dejar dinero para abordar los problemas sociales.

Desigualdad de ingresos

Los beneficios de la informatización sobre el trabajo humano serán agenciados por los dueños de compañías, edificios, máquinas y ordenadores que verán una productividad más alta. El trabajo humano se convertirá en un factor menos relevante, por lo que la presión para aumentar salarios que disminuyen como resultado las desigualdades entre las personas se puede acrecentar si no se toman medidas compensatorias.

Embotellamiento

No adaptarse al cambio significa correr el riesgo de limitar el flujo de datos o recursos de la red. Un cuello de botella de la red se refiere a una condición discreta en que el flujo de datos es limitado por el ordenador o recursos de la red. El flujo de datos se controla según el ancho de banda de varios recursos del sistema. Si el sistema de trabajo en una red es entregar un mayor volumen de datos que lo que soporta por la capacidad existente de la red, se producirá un cuello de botella de la red.

Seguridad y privacidad

Debido a que las ciudades inteligentes estarán altamente digitalizadas, caracterizadas por un elevado volumen de almacenamiento de datos e ingentes cantidades de objetos físicos con una conexión a Internet es posible que se aprovechen de estas posibilidades con propósitos criminales. En este sentido, casi todos los aspectos de nuestra vida personal son capturados en datos digitales almacenados en algún lugar del ecosistema digital. Desde los datos sobre nuestras compras y pagos, localización y movimientos geográficos, historiales médicos, las páginas web que visitamos hasta las películas y series que vemos, la música que escuchamos, fotos en la nube. En fin, virtualmente cualquier aspecto de nuestra vida que deje una huella digital.

El segundo desafío a la seguridad y privacidad es el hackeo de los objetos conectados. Con el Internet de las Cosas, todo tipo de máquinas se conectan a Internet mientras que el papel de los seres humanos disminuye sustancialmente. De acuerdo a los artífices del movimiento de los Smart cities esto generará un notable aumento en la productividad. Sin embargo, la desventaja es que los objetos conectados son vulnerables a ser hackeados. Aunque para muchos objetos los riesgos de ser hackeados son limitados, los objetos que representan una parte vital de las infraestructuras están en peligro. Por ejemplo, hackear el sistema de control de aeronaves, plantas de energía nuclear, marcapasos, coches autodirigidos y muchos otros aparatos que pueden interrumpir sistemas vitales. Esto va mucho más allá de los famosos wiki leaks sino que se convierte en un peligro de muerte.

También están los crímenes del futuro. La digitalización creciente provoca un cambio de paradigma en el crimen. Una de las características de la criminalidad del futuro es que su adaptabilidad es casi ilimitada. Tradicionalmente, la delincuencia siempre fue restringida por barreras físicas. El número de víctimas que podía hacer un atracador estaba reducido por limitaciones geográficas. Cuando la escena del crimen se traslada desde el mundo físico al mundo digital, ya no existen estas limitaciones y la delincuencia se convierte muy adaptable. Por primera vez en la historia, una organización criminal puede robar a cientos de millones de personas en un solo golpe. En este punto, “más conexiones a más dispositivos significan más vulnerabilidades. Si controlas el código, controlas el mundo”.[13]

En esta línea, la Directiva NIS (Network and Information Systems), aprobada el 9 de julio de 2016, es el primer intento serio de la Unión Europea para hacer frente al reto de la ciberseguridad en el contexto actual en el cual es constante la preocupación por la seguridad en el ciberespacio, especialmente tras los cada vez más frecuentes incidentes de seguridad que se producen protagonizados en muchos casos por agentes gubernamentales al servicio de Estados. Este desafío no incluye solo incrementar la ciberseguridad de las personas, empresas y operadores de la red, sino también de las infraestructuras críticas, las redes de las Administraciones públicas, las infraestructuras y sistemas militares, o bien la actividad económica. A todos estos ámbitos se une ahora la utilización del ciberespacio como vector de desestabilización política e institucional. Su aprobación supone una serie de nuevas obligaciones muy relevantes tanto para los Estados miembros, como para ciertos actores que, en realidad, incluyen a la mayoría de los principales agentes económicos, en sectores tan relevantes como la energía, la banca o la sanidad. Además, los Estados deberán adaptar sus estructuras administrativas a estas nuevas obligaciones. En definitiva, el ciberespacio se ha convertido ya en el lugar en el cual se va a decidir en gran medida la prosperidad y seguridad de los países en el futuro próximo.[14]

Por último está la resiliencia[15]como desafío para hacer la infraestructura digital y soluciones inteligentes más resistentes. Inevitablemente una de las consecuencias de la digitalización es la creciente dependencia en tecnologías digitales. Si las infraestructuras digitales vitales fallan o se ven comprometidas por ataques maliciosos, los resultados pueden producir serios trastornos sociales y económicos. En esta senda es fundamental garantizar la continuidad de los servicios críticos como electricidad, agua, comunicación, transportes y otros que cada vez más dependen de tecnología inteligente. Además, la capacidad de respuesta es otro factor a potenciar.

Los servicios críticos como el transporte pueden ser interrumpidos por accidentes de tráfico. Un Smart city resiliente puede minimizar el impacto de tal accidente y recuperarse lo más rápido posible. Esto es viable si se detecta el incidente en tiempo real, despachando automáticamente a los servicios de emergencia a la vez que se desvía el tráfico. El manejo de crisis es esencial en la capacidad de respuesta. Es vital en las primeras etapas de la crisis analizar información precisa para poder tomar decisiones adecuadas. Una ciudad inteligente puede apoyar al gobierno local en el manejo de una crisis proveyendo información detallada y una visión profunda, precisa y en tiempo real. Estas herramientas de análisis pueden ayudar a calcular los efectos de las distintas decisiones y estrategias posibles.

El Futuro

Los desafíos de eficiencia y seguridad que producen la transformación hacia el Smart City variarán de acuerdo a la localización geográfica, sector de infraestructuras y sistemas de tecnología de la información de cada ciudad, por lo que las urbes deberán tomar en consideración sus características muy particulares mientras mejoran sus sistemas.

Sin embargo, ToTB[16] después de repasar los datos económicos para impulsar los Smart cities alrededor del mundo con un presupuesto estimado de unos 420 billones de dólares, observar la combinación de tecnologías como Internet de las cosas, robótica social, economía compartida, plataformas digitales, medios sociales, big data, inteligencia artificial, drones, energía renovable, impresión 3D, crowd sourcing, blockchain, la nube, movilidad, Co-creation, ludificación y otros, sólo puedo vislumbrar un lado oculto de este movimiento que puede convertirse en una amenaza al sistema de vida actual.

Este desarrollo tecnológico pone de manifiesto unas tendencias que pueden dividirse en varias fases. La primera fase es la tecnología que los ciudadanos pueden manipular como son los móviles y tablets que facilitan operaciones que antes realizábamos creando una atrofia de nuestras capacidades. Esto provoca una especie de adicción a estos aparatos.

La segunda fase es la tecnología que llevamos puesta como gafas de realidad virtual, bluetooth, relojes inteligentes, pulseras de actividad para hacer deporte, gafas de google, gafas de reconocimiento facial[17], y otros. La tercera fase introduce los microchips implantados para controlar a los trabajadores[18] que en teoría tiene como objetivo sustituir no sólo a las tradicionales tarjetas electrónicas, sino también a los identificadores digitales y oculares. Por último, la cuarta fase pretende que una vez estén implantados los microchips todos los ciudadanos estarán conectados a la nube por medio de la tecnología 5G.

Esta prospectiva[19]me hace pensar que si no hay unos controles adecuados y cargados de ética, podríamos enfrentarnos a una amenaza al derecho básico de libertad. No sé si esta visualización se cristalizará, sin embargo, los responsables de Intel auguran que para el 2020 microchips en el cerebro controlarán los ordenadores.[20]

En definitiva, la evolución tecnológica no es mala y puede ayudar al ser humano a dar un salto cuantitativo y cualitativo para impulsar su calidad de vida y cambiar la manera en la que nos relacionamos con el entorno. No obstante, los pasos que demos deben ser bien calibrados no sea que los presagios de Orwell se conviertan en realidad.

[1] Deloitte (2015) Smart Cities. How rapid advances in technology are reshaping our economy and society. Pág 4.

[2] Sánchez Ramos, I.: (2017) Las “Smart Cities”: Un nuevo paradigma. Aspectos éticos. Tesis Doctoral. Universidad Rey Juan Carlos.

[3] European Cities and Regions Networking for Innovative Transport solutions (2015) Polis policy paper: Sustainable Urban Mobility and the Smart City. Scope-Finance-Community Building.

[4] Albino, V.; Berardi, U; Dangelico, R.M.: (2015) Smart Cities: Definitions, Dimensions, Performance and Initiatives, Journal of Urban Technology, 22. 1, 3-21.

[5] Hilton, S. & Marsh, A.: (2017) Shaping successful smart cities. Relfections on the APPG Smart Cities’ Top Tips for City Mayors. University of Bristol. December.

[6] Ibídem.

[7] Caragilu, A, Del Bo, C., & Nijkamp, P.: (2011) Smart Cities in Europe, Journal of Urban Technology , 18, 2, 65-82.

[8] Rifkin, J.: (2011) La Tercera Revolución Industrial: Cómo el poder lateral está transformando la energía, la economía y el mundo. Colección Estado y Sociedad. Editorial Paidós.

[9] High-level Panel on Global Sustainability, ONU, Enero 2012, Resilient People, Resilient Planet: A future worth choosing.

[10] Sempere, P.: (2018) “Las pequeñas ciudades también pueden ser “smart cities”. CincoDías. Fortuna. Directivos/Estilo de vida, Pág 25. Miércoles 31 de enero.

[11] Birkland, T.: (2001) An Introduction to the Policy Process. Armonk, NY: M.E. Sharpe.

[12] Pulido, M. C.: (2014) Metodología para la implantación de la gobernanza como herramienta de gestión de destinos turísticos. Tesis Doctoral. Universidad de Jaén, Jaén.

[13] Goodman, Marc.: (2015) Future Crimes: Everything Is Connected, Everyone Is Vulnerable and What We Can Do About It. Editorial Doubleday. 24 Feb 2015

[14]Millas Moret, V.: (2017) Aspectos relativos a la incorporación de la Directiva NIS al ordenamiento jurídico español. Instituto Español de Estudios Estratégicos. 21/2017 3 de marzo 2017.

http://www.ieee.es/contenido/noticias/2017/03/DIEEEO21-2017.html

[15] Definición operativa: La capacidad para prepararse para o adaptarse a condiciones cambiantes, y resistir y recuperarse rápidamente de los trastornos debido a ataques deliberados, accidentes o amenazas naturales.

[16] ToTB= Think of The Box es pensar fuera de la caja, pensar diferente, poco convencional o desde una nueva perspectiva. Es el pensamiento inteligente, novedoso o creativo que marcará el futuro.

[17] Fontdeglòria, X.: (2018) La policía china usa gafas con reconocimiento facial para identificar a sospechosos. El País. 8 de febrero. https://elpais.com/internacional/2018/02/07/mundo_global/1518007737_209089.html

[18] Bermejo, D.: (2017) Así funcionan los microchips implantados para controlar a los trabajadores. El Mundo. 3 de marzo. http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/03/09/58c03226e5fdea01398b4595.html

[19] Ciencia que se dedica al estudio de las causas técnicas, científicas, económicas y sociales que aceleran la evolución del mundo moderno, y la previsión de las situaciones que podrían derivarse de sus influencias conjugadas.

[20] Gaudin, S.: (2009) Intel: Chips in brains will control computers by 2020. Brain waves will replace keyboard and mouse, dial phones and change TV channels. Computer World. Nov 19. https://www.computerworld.com/article/2521888/app-development/intel–chips-in-brains-will-control-computers-by-2020.html

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