El valor de la responsabilidad

La responsabilidad puede definirse como una obligación, moral o legal del cumplimiento de deberes. En otras palabras, es un signo de madurez, ya que el cumplimiento de una obligación implica esfuerzos por realizarlos y el no lograrlo genera consecuencias. No es algo sencillo, pero si es factible de ser percibida en la vida cotidiana, especialmente en su aspecto negativo Una implicación directa con la responsabilidad es la confianza, ya que tenemos fe en aquellas personas que cumplen con lo que han prometido o para lo que se les ha contratado. La responsabilidad ayuda a la convivencia familiar, profesional o personal.

Ocasionalmente podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien, pero cuando ésta comienza a ser más continua, comenzamos a perder la confianza en las personas a las cual se les ha asignado unos deberes. Eso es lo que está pasando a la afición con los jugadores de la U.D. Las Palmas, unos profesionales que, dada la inmadurez y poca preparación de muchos de ellos, no han sido capaces de afrontar la idea de que su entrenador anunció, a mi juicio, excesivamente pronto su decisión de dejar el club movido quizá por su deseo de quitarse de encima la presión, lo que ha propiciado un desbarajuste lamentable del que él tiene una importante cuota de culpabilidad.

Estos jugadores, que piensan más en su estado de ánimo que en la afición que fielmente les sigue, están llevando a una situación que avergüenza al club y a todos sus seguidores porque no sólo se están perdiendo partidos sino que, además, lamentablemente se está perdiendo el orgullo, al tiempo también que se está deteriorando su imagen y su cotización.

Los jugadores de nuestro equipo representativo deben tener muy en cuenta que actuar con responsabilidad implica asumir las consecuencias de sus acciones y decisiones, tanto buenas como malas. Además es tratar de que toda su actuación profesional sea realizada de acuerdo a una noción del cumplimiento del deber en todos sus sentidos, sin necesidad de que su entrenador esté con ellos porque su trabajo se lo deben al club que es quien les paga y tiene que estar acorde con lo que les exige su fiel afición.

Ya se sabe que en estos tiempos que corren es difícil alcanzar la responsabilidad plena pero vale la pena que los jugadores lo intenten porque de ella depende, entre otras cosas, su estabilidad, su valoración y hasta su hombría que está quedando muy baja con la actitud que están mostrando. La responsabilidad no se demuestra sólo besando el escudo, se demuestra “partiéndose el alma” cada minuto de cada partido.

No estaría de más que la dirección deportiva del club se planteara como algo fundamental a tener en cuenta, fomentar en los jugadores el valor de la responsabilidad para que todo funcione mucho mejor. No hay que tomar el camino más sencillo, el de dejar pasar las cosas, porque eso sería justamente caer en la irresponsabilidad. Hay que hacer de la responsabilidad un correcto aprendizaje. Ya se sabe que es difícil, pero es algo que vale la pena intentarlo porque vivir y edificar la responsabilidad en el equipo quizá evitaría repetir el bochornoso espectáculo que se está dando para finalizar la competición.

El desarrollo de cada partido prepara para ir asumiendo responsabilidades mayores que permita lograr objetivos más ambiciosos. Si se actúa con seriedad, se logra algo muy importante, que haría crecer al equipo y a los propios jugadores que deben ser conscientes de que la confianza de su afición hay que ganársela día a día a base de esfuerzo, entusiasmo, tesón, dedicación y, sobre todo: RESPONSABILIDAD.

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