La indefinida proporcionalidad

El nivel de exactitud y veracidad de las cosas que declaran los políticos en cuanto un periodista se les pone a tiro o en esas ruedas de prensa con preguntas convenientemente pactadas, es manifiestamente mejorable. Las más de las veces, sobre todo cuando hablan los ministros del gobierno o los cabecillas políticos, son pura retórica adobadas con medias verdades, falsedades manifiestas y plagadas de sectarismo. Un análisis pausado de lo que han dicho, las más de las veces, no resiste un somero análisis serio del fondo y de la sintaxis.

Para evitar que les hagan preguntas tan incómodas como pertinentes, cada día es más frecuente ver el no va más del pensamiento totalitario: la rueda de prensa sin preguntas. Estos ni es rueda ni es prensa, no deja de ser una ofensa a los periodistas presentes, que bien pudieran haberlo sabido por un comunicado o un twit al uso y abuso. Si los medios se plantaran y no publicaran nada de lo que dicen en estos casos, tal vez la dignidad y la vergüenza volverían a reinar en el Reino de España. Peor aún, por recordar tiempos felizmente superados pero que parecen revivir con fuerza mediática inusitada, es cuando las comparecencias se hacen en plasma, aunque tal vez sería mejor decir “en pasmo”. Por cierto, los televisores más antiguos son ya artículos “vintage”, como me dijo con gran alborozo un regidor de una cadena nacional, al ver uno a mis espaldas tras conectar, vía skype, desde mi casa con su programa.

Por poner un ejemplo de actualidad de ese lenguaje pomposo, aparentemente lleno de razón, pero tan indefinido como un vacuo eslogan propagandístico y sectario dirigido a sus presuntos votantes y votantas, que no militantes ni militantas pues estos ya vienen convencidos y convencidas de casa, se puede comprobar en la proclama que hizo Carmen Calvo, no por casualidad vicepresidenta del Gobierno, sobre el problema del Open Arms y de los migrantes que transporta, no ciertamente que rescata. Ella, y no sólo ella, afirmó con rotundidad tras el cambio en la postura inicial de Gobierno, que una serie de países asumirían su cuota proporcional de migrantes. Días después señaló que “en un principio nuestra cuota era de 15 migrantes y eso es lo que traeremos para nuestro país”. Más que postura, parece postureo político social-podemita financiado con cargo a nuestros impuestos.

Ante estas afirmaciones caben al menos dos reflexiones. No dice que sean 15 y sólo quince los migrantes que vendrán a España para después no se sabe bien que hacer con ellos. Dice que “en un principio” esa es la cuota asignada. “En un final”, ni ella sabe cuantos serán realmente. Y visto lo visto, mudado lo mudado, a lo mejor el buque de la Armada esperará por allí hasta ver cómo se resuelve lo del Ocean Viking con 356 migrantes a bordo, de los que 103 son menores según dicen.

Carmen Calvo habla de reparto proporcional de migrantes entre los pocos países que han dado un paso al frente, aunque alguno ya se ha retirado del acuerdo sin que se sepa la razón de fondo. Tal vez para una profesora titular en la Universidad de Córdoba de Derecho Constitucional, tan doctora como el Dr. Sánchez y vicepresidenta de su gobierno, decir sin matizar “reparto proporcional” le sea suficiente, pero alguien que reflexione y tenga un mínimo de formación matemática, si le dejaran, le pediría una aclaración obvia: ¿proporcional a qué? ¿a la población del país?, ¿al PIB?, ¿al número de migrantes en situación legal e ilegal que ya tiene y mantiene en su territorio? ¿a la dureza de la cara, vulgo “papo”, que tengan sus dirigentes?

Por esto, la ciudadanía española a la que se le promete día sí y día también que los gobiernos actuarán con transparencia, deberían aclarar fehacientemente -no basta ya una simple declaración verborreica- cuales son las bases de la tan cacareada proporcionalidad.

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