La Justicia peligra, ¡acudid a salvarla!

Para acabar de enterrar a Montesquieu, boca abajo por si le diera por resucitar, sólo falta ya controlar y eliminar la independencia de la Justicia, usando si es preciso lo que los neocomunistas llaman “uso alternativo del derecho” y no dudar en “mancharse la toga con el polvo del camino”. Se trata de sustituir el noble concepto de Justicia, como virtud cardinal se califica en el cristianismo, por un deleznable Derecho ad hoc o interpretado a gusto e interés sectario del gobierno. Esto ha sido así siempre, y con más saña desde que Alfonso Guerra proclamó solemnemente que la separación de poderes había muerto.

Tanto PSOE como PP habían rivalizado en este perverso intento manipulador, aunque el Dr. Sánchez ha rebasado todos los límites. No por casualidad tiene a su peor pesadilla en el Gobierno, como él mismo dijo cuando era candidato en su papel de Dr. Jekill, no ahora en el de Mr. Hyde como Presidente. Bien es verdad que creer lo que dice un mentiroso compulsivo es una temeridad, pero si habla de política, es lanzarse de cabeza al abismo demagógico.

Creo que conviene resaltar el hecho cierto, no sé muy bien si más infame que incívico, de que los magistrados en los altos tribunales ya vienen bien manipulados de casa, bien por razones ideológicas o por conocer el camino para medrar en sus carreras profesionales. He de reconocer que siento un cierto rubor cuando escucho a algunos de estos jueces mediáticos, que nunca son los que trabajan honradamente en los juzgados ordinarios, perorar en tertulias o artículos periodísticos afirmando que ellos nunca reciben, ni tolerarían que les dieran instrucciones u órdenes políticas, ¡faltaría un Pablenin! No hace falta, ya vienen bien ordenados e instruidos de sus casas. Eso se llama autocensura y autoadoctrinamiento, los periodistas saben mucho de eso, sobre todo cuando han de mezclar información con opinión.

La perversión es de tal categoría que muchos de ellos atacan con saña a otros jueces o fiscales, en lo profesional y en lo personal, si no están al pensamiento políticamente correcto, por muy perverso o totalitario que sea mientras esté al servicio del poder. Han dejado obsoleto el viejo refrán español de que perro no come perro. Eso ya aparentaba suceder en los dimes y diretes parlamentarios, que no debates pues son una sucesión de monólogos escritos con anterioridad, donde se demuestra que todo es puro teatrillo como en los combates de lucha libre. Es como se cuenta en el chiste del dentista, ¿verdad doctor que no nos vamos a hacer daño?

Si la misión de la Justicia es ser uno de los tres poderes necesarios en un estado de derecho, sirviendo de control y contrapeso a los otros dos, los ya confundidos ejecutivo y legislativo en España, ¿cómo es posible que existan ahora asociaciones tan politizadas como “Jueces para la Democracia” o “Asociación de Fiscales Progresistas”? Sólo esos nombres ya producen grima, pues a todas luces indican que será muy posible y previsible que en aquellos casos donde los justiciables son políticos, de su cuerda o de su odio, o traten de asuntos relacionados con la agenda progresista, por ejemplo de violencia sexista, no será la Justicia ni siquiera el Derecho lo que apliquen, será su ideología. Así harán “méritos” para su ascenso…

Es de suponer que cuando se debata la moción de censura que ha presentado VOX contra el Gobierno, al menos Santiago Abascal hablará con claridad de estos asuntos relacionados con la pérdida de independencia judicial o con las obscenidad de ver a la exministra de la PSOE, Dolores Delgado, nada menos que de Fiscal General del Estado sin haber tenido la decencia de cambiar el nombre previamente a la institución: Fiscalía General del Gobierno. No es casual que ya el propio Dr. Sánchez ya aclarara al periodista que lo entrevistaba en televisión sobre de quién dependía la fiscalía… ¡pues eso!, apostilló vehementemente sin ruborizarse. Tampoco es casual que Pablo Iglesias le aclarara al Presidente que hablar de cosas sociales no está mal, sobre todo para los telediarios, pero que lo prioritario era controlar el poder judicial. Es el modelo comunista y bolivariano, aunque algunos sigan pensando ¡aquí eso no puede pasar!

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