La mentira del odio

Estamos en unos tiempos tan difíciles que aún no sabemos muy bien cómo se podrá explicar a los nietos y volcar en los manuales de historia, que en España se ha instalado sin el menor recato la mentira en la vida política, cosa distinta del razonable disimulo. Todo parece puro oportunismo político, el amiguismo mas obsceno unido a la falta de ética y valores democráticos que parecen haber huido avergonzados de nuestras instituciones.

Y lo más siniestro es que las mentiras gubernamentales, puestas de relieve en horas o bien desmentidas por el mismo mentiroso con otras mentiras aún más grandes, no reciben el rechazo social inmediato, como sucede en la mayoría de los países civilizado. Excluyo los regímenes comunistas, saldándose el incidente bochornoso con la dimisión, o cese dada la indignidad reinante, del político que las profiere. Algunos, al peor estilo de Stalin cuando enviaba a la muerte a sus colegas, le hablan al condenado con voz de psiquiatra argentino para tratar de pasar por jesuítico consejo lo que es una pura canallada y una tenebrosa trola del tamaño de un Gulag. Y siempre para culpar al aconsejado de los males propios y ajenos.

No hay que ser de VOX ni del PP, de Cs es imposible de saber, para sentir vergüenza ajena como ciudadanos libres e iguales, al escuchar las numerosas ruedas de prensa sin periodistas o con preguntas seleccionadas por el manipulador del preguntado, así como el “Hola Dr. Sánchez” al peor estilo del celebérrimo “Aló Presidente”. En esos aquelarres, en los que se invocan las lecciones de Lenin y su discípulo Goebbels para engañar al pueblo, el mantra más socorrido es acusar a la oposición de delitos de odio.

Los cabecillas y portavoces de los partidos políticos autodefinidos sin motivo como de izquierdas, usan profusamente el palabro “odio” para calificar negativamente cualquier opinión sobre algo que ellos anuncien y no guste al discrepante o dude de su veracidad. Es algo similar al niño que le llora a sus padres diciendo que el maestro le tiene manía. Por lo visto esos políticos están íntimamente convencidos, ese es su nivelazo, de que todo el mundo ha de amarlos sin el menor reproche… ¡porque se lo merecen!

Reconozco que siempre me pareció un exceso de progrez lo de los “delitos de odio”, pues eso a lo sumo sería un sentimiento ajeno al código penal y más propio del alma… y el alma sólo es de Dios, diría Calderón de la Barca en su maravillosa obra teatral El alcalde de Zalamea. Sería el mismo tipo de desatino que introducir en la legislación sobre el divorcio un tipo penal todo terreno que se llame “delito de desamor”. Aunque no es bueno dar ideas a los especialistas en crear falsos debates porque las ideas las carga el diablo siniestroso.

Y escribiendo ahora sobre cortinas de humo lanzadas para ocultar las incontables mentiras gubernamentales no verficadas por los verificadores, es sano no olvidar algunos de los turbios asuntos sobre los que se utilizó esta técnica propia de los calamares para escapar de algunas situaciones que acaban siendo tan oscuros como la propia tinta y que se ocultan por alguna razón peligrosa. Desde el insomnio del candidato Sánchez antes de transmutarse en Presidente, pasando por las correrías en Barajas jugando al escondite de Ávalos con Delcy y sus maletas, continuando hasta hoy mismo con la ocultación de muertos por la pandemia en España y en particular en las residencias de ancianos (debe ser otro secreto de estado), y terminando por ahora en el colegueo de “tía a tía” de Irene Montero con la reportera vasca.

Esta situación de ocultación de los hechos tras inventarse otras falsas polémicas aún más escandalosas, lo refleja muy bien el gran film “La cortina de humo”, en inglés Wag the dog para encontrarla en los buscadores, película candidata, no se debe decir nominada, a muchos premios en 1997. Es justo eso lo que está pasando en España con el gobierno social-podemita asesorado, según cuentan, por el gurú Iván Redondo. Al inicio de la trama se cita un aforismo que ilustra muy bien la técnica de ocultación: ¿Por qué un perro mueve su rabo? Porque un perro es mas inteligente que su rabo. Si el rabo fuera mas inteligente, el rabo podría mover al perro. Pero ese tipo de películas cuya trama involucra hasta a su presidente, sólo es posible hacerlas en EEUU, pues en España sería tan impensable como nada subvencionada.

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