La realidad de los medios de comunicación

Es evidente la dificultad que existe para transmitir determinados mensajes a través de los medios de comunicación social. Una rueda de prensa largamente preparada y pensada durante días, se convierte después en un sentimiento de frustración al ver que las ideas más importantes no son reflejadas con el relieve que merecen y que los informadores se han quedado en la anécdota. Lo mismo puede ocurrir con una conversación detallada con un informador o informadora sobre cualquier tema.

Y eso, ¿por qué ocurre?. Lo más normal y más cómodo es que se acabe echando la culpa al profesional del medio o al mismo medio en el que trabaja. Siempre es cómodo recurrir a la consabida falta de rigor del que informa, a la existencia de intereses económicos o políticos ocultos…. Los más benevolentes excusarán el hecho y argumentarán la falta de especialización del informador o informadora, el poco tiempo de que dispone o los criterios de algún jefe con intereses poco claros.

Y puede que a veces se acierte en el juicio. No es ningún secreto que los medios de comunicación, como cualquiera otra empresa, tienen una dependencia económica, a la que hay que añadir intereses políticos en muchos casos. Pero también es posible que no tenga la culpa el informador/a o su empresa. La simple duda debería hacer reflexionar a los que pretendemos hacer llegar a la población determinados mensajes a través de los medios de comunicación.

Habría que empezar por hacer dos apartados claros al abordar el problema planteado. Por un lado, estarían las dificultades debidas a los propios medios de comunicación, a su filosofía periodística, a sus intereses económicos y a sus limitaciones técnicas. Por otro lado, estarían las dificultades que plantea el acercamiento a los profesionales de la comunicación, sus carencias de especialización o su falta de tiempo para trabajar reposadamente las informaciones, entre otras.

Los medios de comunicación y sus profesionales pueden ser agentes de promoción social inmejorables si se consigue el acercamiento entre los responsables de llevar a cabo las acciones de promoción y los referidos medios y profesionales. No sólo es posible que estos medios sirvan para transmitir informaciones y opiniones a la población, sino que pueden ser útiles para influir en la toma de decisiones de la población.

Quizá esta “doble dirección” haya sido poco tenida en cuenta hasta ahora en nuestro país por los colectivos sociales, al contrario de lo que lo hacen (con excelentes resultados) sectores económicos y políticos con claros intereses contrarios. Cualquier grupo de presión sabe de la importancia de una estrategia combinada en distintos frentes en aras de sus intereses, acompañada de una serie de noticias o reportajes publicados simultáneamente en los medios de comunicación. Concienciar a la población de un problema comunitario, implica conseguir que ese problema adquiera la categoría de “noticia” puesto que parece que algo no existe hasta que aparece reflejado en un medio de comunicación.

Debemos tener en cuenta que todo medio de comunicación social es un intermediario entre el hecho y el público. Pero como todo intermediario, el medio de comunicación no es neutro, no se limita a transmitir lo sucedido tal como fue. Por su propia naturaleza, los medios de comunicación de masas interpretan la realidad para sus lectores, oyentes o espectadores, y lo hacen con unas técnicas específicas.

Y en esa interpretación de la realidad hay que tener en cuenta lo que se denomina la degradación del mensaje motivada fundamentalmente por los filtros de tipo ideológico, económico, profesional y tecnológico al que se ve sometida esa realidad a través de los medios de comunicación; sin contar luego con el grado de penetración que la comunicación de esa realidad tenga en los receptores. Penetración que nunca será del cien por cien y tampoco llega al cien por cien de los receptores.

Este condicionante que tiene los medios de comunicación social nadie los discute, salvo los ingenuos que creen aún en la objetividad y en el mensaje aséptico, o los malintencionados, que se escudan en una supuesta objetividad para perpetrar sus desafueros. Es pues importante que sepamos que los medios de comunicación social re-escriben la realidad y, por ello, la modifican. No vamos a entrar aquí en el debate de posibles manipulaciones intencionadas.

Todo lo dicho viene a demostrar la necesidad que tienen los ciudadanos que consumen la información de contrastar esa información, de beber de distintas fuentes para poder tener un criterio propio y por lo tanto ser más libre a la hora de tomar una determinada decisión.

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