Liderazgo y política pública

La política pública de un país no es estática sino dinámica por lo que debe ser continuamente reformulada y adaptada en función de la experiencia, investigación y las circunstancias cambiantes, debe basarse en hechos y conocimiento.

Los cargos públicos tienen una profunda influencia sobre la política pública, dependiendo de cuán auténtica, amplia y completa sea su información y también de cómo ellos la presentan a los dirigentes políticos, legisladores[1] y ciudadanos. No obstante, con mucha frecuencia el responsable de un departamento de la Administración no tiene acceso a información clara y sin filtros por lo que las probabilidades de errar en la elaboración y puesta en marcha de la política pública se multiplica.

Sin embargo, ¿cómo se llega a esta situación? Normalmente los ministros delegan en un equipo de asesores y consejeros técnicos que quizás impulsados por el celo profesional u otros intereses desean evitar a su jefe la ardua tarea de revisar grandes cantidades de datos que en mayor medida son irrelevantes para las actividades diarias de su cargo.[2] Para realizar esta labor deben condensar, filtrar y editar datos envolviendo al cargo público en algo semejante a una burbuja artificial inmune. Todo esto sin el conocimiento ni consentimiento del responsable de la cartera.

A mi juicio este es uno de los grandes obstáculos que enfrentan los cargos con responsabilidad pública en el momento de abordar políticas complicadas. Por otro lado, también está el hecho de que las realidades que afrontan se han alejado drásticamente de aquellas con las que creen seguir conviviendo. Dicho de otro modo, la realidad ha cambiado, pero la teoría de cómo manejarla no ha evolucionado con ella.[3] En esta línea, la buena información tiene un valor incalculable pues el cargo debe saber sin eufemismos si su acción o falta de la misma genera dificultades para el desarrollo de su programa.

Las actitudes abiertas, la verdad sin adornos y la confrontación de ideas son esenciales para comprender las preocupaciones e inquietudes reales de los ciudadanos, al fin y al cabo son los mayores beneficiarios o perjudicados por la acción pública.

El diálogo abierto, debe estar orientado a resolver problemas de forma extraordinaria y a promover grandes mejoras en los resultados. Aun así, muchos cargos públicos toleran las barreras en la comunicación heredadas de sus predecesores porque no desean ir contra el orden establecido. En esta vía, solemos encontrar departamentos de prensa enrocados en malos hábitos y resistentes cambios que les saquen de su zona de confort, con lo cual se pone en marcha una erosión gradual de las capacidades de la organización y por tanto del ministro de turno. Se deja de innovar y se estanca sin que nadie pueda comprender por qué.

Desde hace décadas estamos en la era de la comunicación y los líderes capaces de comprender este escenario rompen moldes sabiendo que es la única forma de que florezca la innovación. El método más rápido para lograrlo es pensar fuera de la caja y destruir las murallas que obstruyen el flujo de la comunicación e información, configurando nuevos sistemas para estar en contacto con gente de todos los niveles creando culturas donde las buenas ideas broten con libertad. La resistencia a esta tendencia suele aislar al responsable político y cuando la gente deja de confiarle sus problemas, es un indicador claro de su falta de liderazgo.

En ésta época se debe fomentar la diversidad de opiniones e implicar y atraer a todas las mentes de la organización, sin permitir que el rango o la jerarquía se interpongan en la relación. Por fortuna los medios existen y las nuevas tecnologías no se han desarrollado para desaprovecharlas.

Es vital crear un clima psicológico en el que la información circule libremente a través de las redes percibiéndola como una oportunidad y no como una amenaza. En este punto, se debe recompensar a quienes se adaptan y ser inflexibles con quienes quieren volver a levantar las barricadas pues es el mayor impedimento para que un líder pueda desarrollar una política pública.

[1] Marume, B. M.: (2016) Public Policy and Factors Influencing Public Policy. International Journal of Engineering Science Invention ISSN (Online): 2319 –6734, ISSN (Print): 2319–6726 http://www.ijesi.org Volume 5 Issue 6|| June 2016 || PP.06-1
[2] Harari, O.: (2002) Colin Powell: Los secretos para ser un líder. McGraw-Hill/Interamericana de España, S.A.U. Madrid.

[3] Drucker, P.: (2018) Eficacia ejecutiva. Editorial Conecta. Barcelona.

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