Los nuevos caballos de Troya

Gracias a los medios de comunicación afines, subvencionados y regados con la publicidad institucional que arbitrariamente distribuye el Gobierno, están intentando que los ciudadanos aceptemos sumisamente lo que ellos quieren, o al menos sospechamos que quieren, usando hueras palabras grandilocuentes en fingidos Aló Presidente pero que no aclaran, si es que realmente pudieran precisarse sin ocultaciones los conceptos que manejan. Progresismo, eutanasia y aborto, república, fascismo, machismo, xenofobia y otros tantos palabros son incluidos, vengan o no a cuento, en los discursos hueros de los políticos. En las pocas ruedas de prensa que admiten ser preguntados libremente sin censuras o autocensuras previas, casi ningún periodista les exige respuestas claras a lo que los ciudadanos pensamos, admitiendo sin revelarse sonoramente las respuestas cantinflescas o propias de nuestro recordado Mariano Ozores, un chorreo de palabras aturulladas y ninguna respuesta coherente y precisa. Y luego, lo que es aún más insultante, presumen de transparencia. Y todos callan y titulan en sus diarios.

Cada vez es más evidente, incluso para los más acérrimos partidarios del social-podemismo, a pesar de la disminución de respaldo electoral por lo que necesitan recoser un cuerpo Frankenstein con muchos restos o despojos periféricos, que se pretende destruir lo que llaman modelo social o régimen del 78 para ser sustituido por las ambiciones liberticidas de partidas nacionalistas, siempre que tengan estrellas rojas en sus banderas. Y eso ya empezó abiertamente con Zapatero, defensor de cuanta dictadura siniestra haya sobre la Tierra.

La forma de actuar de estas fuerzas disgregadoras, pero sobre todo liberticidas, se describe muy bien en la serie Britannia, ambientada en el año 43 D.C durante la conquista romana de Britania, “una tierra misteriosa gobernada por tribus guerreras salvajes, (los nacionalismos excluyentes) y druidas poderosos (Iván Redondo, Otegui, Puigdemón o Puyol) que pueden canalizar las poderosas fuerzas del inframundo (ETA, Terra Lliure o FRAPO)”. En la serie, los rivales celtas Kerra y Antedia, puede leerse Esquerra y Podemos, deben trabajar juntos para combatir la invasión romana liderada por Aulo Plaucio, un Dr. Sánchez aglutinador de cuanta maldad política pueda existir. La nueva política, dicen que traen a España.

En un momento del capítulo primero, el general romano Aulo Plaucio le explica a su segundo: “¿Sabes cual fue el error de César? A esta gente no se les derrota luchando contra sus guerreros, hay que matar a sus dioses”. En el caso España, el Gobierno facilita y consiente el ataque sistemático a las instituciones que no puede ocupar con sus huestes, actuando como una gota malaya, que usa y abusa de una ingeniería social que busca destruir la Justicia y la Constitución en aras a implantar la agenda secesionista e implantar una federación de repúblicas comunistas declaradas o de las socialistas mendicantes.

La estrategia dominadora, la sigue explicando el general romano: “¿Cual es el plan? El mismo que en Egipto o en Triestre. Buscamos a los jefes tribales, llamamos a su puerta, descubrimos lo que quieren, a quien odian, a quien quieren que se castigue por siglos de injusticia hacia su noble tribu, qué bosque sagrado quieren recuperar. Les escuchamos con atención. Con mucha atención descubrimos su punto débil y acometemos con fuerza. Dentro de cinco años, los árboles de ese bosque sagrado serán navíos romanos que lleven soldados romanos al siguiente sitio, etc., etc.”.

Este proceso de destrucción, como puede comprobarse, no es nuevo aunque sus formas y métodos puedan evolucionar con el paso de los siglos y confundir a los que sólo ven el dedo del sabio que señala en cielo. Como bien señaló Ariel Durant en una frase que encabeza la película “Apocalipto” de Mel Gibbson: “una gran civilización no se conquista desde afuera hasta que se ha destruido a sí misma desde dentro”. O si se prefiere otra lúcida sentencia del héroe hispánico Blas de Lezo y Olabarriete, Almirante español (1689-1741): “Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”.

Y ejemplos trágicos de todo esto los vemos actualmente con preocupación al observar cómo la hoy mal llamada oposición se debate en no parecer un “nasty party” (partido antipático y desagradable), o en no querer percibirse como una veleta morada… “Y luego vinieron por fin a por mí y ya no había nadie para defenderme”, más o menos vino a decir el pastor luterano alemán Martin Niemöller, pero no parece querer aprenderse de los errores ajenos y seguimos clamando ante las advertencias y las evidencias: ¡eso, aquí, no puede pasar!

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