“Los siete mitos de la conquista española”

En estos días en los que debiera conmemorarse con orgullo el Día del Descubrimiento de América, reconocida efeméride mundial de importancia crucial como pocas ha habido, en España en general casi se pasa de puntillas sobre ella. Y en Canarias también. Pero en particular en Gran Canaria, a pesar de ser el último puerto español del que partió la flotilla descubridora tras repostar y reparar en la Bahía de Las Isletas, la fecha es ignorada por las instituciones políticas y cívicas, que también supongo las habrá, subvencionadas o no.

Oyendo casualmente algunas tertulias en radio y televisión hablando de este tema, abunda en demasía no sé muy bien si ignorancia histórica o puro sectarismo antiespañol. Aunque no tengan ningún valor demoscópico, algunos programas han hecho un mini sondeo entre estudiantes sobre lo que significa el 12 de Octubre mundialmente. Si dignas de preocupación para los enseñantes, o tal vez deformantes, fueron las respuestas dadas, entre hilarantes e ignorantes, cuando complementaron las preguntas de historia refiriéndose a Franco como tema tan del gusto del social-podemismo, la cosa rayó en lo patético. Uno de los chicos entrevistados dijo que el heredero de Franco había sido un borbón, del que no sabía el nombre, pero que había muerto hacía unos siglos. Si por vergüenza ajena y propia, aún no lo han borrado de las videotecas, pueden verse en las cadenas que se autodenominan progresistas pero que no dejan de ser sólo progres. Y algunos quieren que voten desde los 16 años.

Por todo ello, me pareció oportuno releer un gran libro escrito por un profesor hispanista de la Universidad de Pensilvania, Mattheu Restall, llamado “Los siete mitos de la conquista española”, de Ed. Paidós (2004). Sólo analiza de forma amena y muy documentada, usando fuentes de la época y no de autores modernos españoles propagadores de la Leyenda Negra, siete de los mitos más comunes que muchos repiten en un triste corta y pega sin molestarse lo más mínimo en contrastarlos y enfrentarlos con el sentido común y la historiografía.

El autor empieza por desmontar algo que se repite sistemáticamente“Un puñado de aventureros, el mito de los hombres excepcionales”, y acaba el libro con otro capítulo imperdible “Monos y hombres, el mito de la superioridad”. Entre ambos, se estudian otros cinco mitos: “Ni sueldo ni obligación, el mito del ejército del rey”, “Guerreros invisibles, el mito del conquistador blanco”, “Bajo el dominio de Su Majestad el Rey, el mito de la completitud”, “Las palabras perdidas de La Malinche, el mito de la comunicación y el fallo comunicativo” y “El exterminio de los indios, el mito de la superioridad”.

Cualquiera de esos capítulos es de mucho interés para los que quieran conocer la historia, pasando de la leyenda negra o blanca a la plausible realidad histórica. Pero el estudio serio, que no he visto tan riguroso en otras fuentes bibliográficas, de lo que eran y de la importancia real que tenían los “lenguas”, como se denominaba entonces a los intérpretes, es de capital interés para comprender las relaciones iniciales entre nativos y españoles. El caso del papel desempeñado de forma tan magistral como eficaz por Doña Marina o La Malinche, compañera sentimental e intérprete de Hernán Cortés durante la conquista de lo que hoy se denomina México, es analizado con minucioso detalle, sobre todo usando fuentes de la época. Es una figura tan falsamente controvertida que el término “malinchero” aún se usa como insulto, de la misma forma que en Cataluña se usa “charnego”, para adjetivar el comportamiento de los que no siguen las consignas antiespañolas al uso y abuso, de aquellos que sin el mínimo fundamento se autoperciben como moral y éticamente superiores. ¡Nada o muy poco de nuevo bajo el sol de justicia castellano o el solajero autóctono!

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