Nuestro Tagoror

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Fernando Báez es párroco de Medianías y Cumbre de Telde
Fernando Báez es párroco de Medianías y Cumbre de Telde

Nuestro Tagoror, es rectangular, y tiene, en cada esquina, la entrada -o salida- de los que vienen o vuelven, según su procedencia, hacia los cuatro puntos cardinales. Y así, los hay que llegan de la zona de los Hogarzales, Gui-Guí, Risco Partido, etc.; son los del Este. Una segunda ruta es la de Tasarte, son los del Oeste. Está la senda de Las Tabaibas, del Norte. Y los hay que proceden de Aslobas, los Almogarenes, de Almácigo, del Barranco Oscuro; son del Sur.

Aquí nos damos cita, cuando un evento, hecho o acaecido importante, reclama de nosotros, una acción o determinación. Otras veces, es centro de información y hasta celebramos justicia. Y, como no somos, tan viejos, va pasando de padres a hijos, lo que dijeron y vieron nuestros abuelos y mayores. Todo ello, escrito en el aire y en el recuerdo.

Conste, que, nuestras asambleas, terminaron al acabar el siglo XV, y durante el mismo, fue la época de mayor esplendor, de nuestras reuniones. Encuentros éstos, que se pierden en la noche de los tiempos. Los traemos en la sangre -es nuestra tradición- de cuando nuestros antepasados, por el Norte de África -de donde venimos- se reunían, el grupo de los ancianos. Y es costumbre que mantenemos. Y así, el centro de nuestras vidas, gira en torno al Tagoror. El nuestro, está alfombrado, con picón rojo, y esto, lo hace único y distinto. Como si su púrpura o color bermejo, lo convirtiera en salón real; más aún: Celestial. O sagrado. Por eso, en él o a él, entramos descalzos, y lo besamos, después de saludar con brazos alzados a Acorán.

Éramos muy felices y vivíamos muy tranquilos, hasta que comenzaron a venir a molestarnos. Querían adueñarse de nuestra tierra, y acabar con nuestra cultura. Nos hicieron mucho daño. Mataron a muchos de los nuestros, a otros los hicieron esclavos. Por eso, y no por cobardes -que somos muy “fieros” en su decir- nos escondíamos en estos parajes montañosos y altos, y de esta forma, mejor defendernos. Nuestras armas, eran naturales: piedras, árboles, y sobretodo nuestra agilidad para andar por entre riscos y laderas. Pero, de esto, hablaremos más adelante. Ahora, les presento el Tagoror, el lugar o recinto, que ya les contaré cuanto allí se habló, discutió o dijo.

Aquí, abiertos al mar, y al cielo, no es fácil descubrirnos. Tras estas lomas, nos sentábamos, al estilo de las posturas de los ídolos de Tara y de Jinámar, formando círculo y parlamento.

De entrada decirle, que, nuestros hombres, vienen de las crestas, montañas y barrancos, entre tabaibas, cardones y otras hierbas. Que están avezados a andar por…

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