“Pensar la ciudad: Parques empresariales, una oportunidad para transformar núcleos urbanos”

Frente a la lógica satisfacción que muestran los responsables públicos ante el anuncio de la implantación en Telde de nuevas empresas en el parque empresarial Econara en Las Rubiesas, es necesario desgranar cuáles son las claves de esta transformación, cómo ha sido el largo proceso administrativo para que finalmente se pueda cambiar un entorno urbano de la importancia de este antiguo polígono industrial y, también, cuáles son las oportunidades que se abren en el entorno.

Con respecto al proceso administrativo y cómo se logró adaptar la normativa, es preciso recordar que, tal y como se puede leer en la página web del parque empresarial, al contrario de lo habitual, fue la iniciativa privada la que promovió el cambio de ordenanzas para permitir ampliar los usos permitidos en la zona. Los empresarios vieron que con el paso de los años el polígono se había convertido en un entorno clave, puesto que, además de estar en contacto con infraestructuras de primer nivel a escala insular (GC-1), también estaba ya prácticamente fusionado con el tejido urbano residencial, y esas dos características hacían que poco a poco las naves fueran destinándose a la actividad comercial en lugar del uso industrial. Y todo este lento proceso de transformación se había llevado a cabo sin estar amparado por una ordenanza que autorizara ese uso porque sólo era autorizable el comercio mayorista. De tal forma se «permitía» como uso compatible desde la administración pero realmente la actividad comercial de venta directa estaba prohibida en la Ordenanza I de aplicación en la zona.

Ante esta situación, no el ayuntamiento, sino un grupo de empresarios locales, promueve un cambio en la ordenanza, encargando y pagando los gastos del trabajo técnico, consiguiendo finalmente que el pleno municipal aprobara la misma por unanimidad. Pero se preguntarán cuál es la diferencia. Si antes se «permitía» la venta directa, ¿por qué era necesario un cambio y qué se ha conseguido con ello? La respuesta es muy sencilla: se consigue la seguridad jurídica necesaria para atraer las grandes inversiones de las empresas que se están instalando en la zona. Por tanto, no basta únicamente con que Telde tenga enclaves estratégicos o una administración eficiente, son las Normas adecuadas las que crean ciudad. No basta con una actitud contemplativa o conformarse con las bondades de nuestro territorio, hay que pensar en cómo preservar sus valores al mismo tiempo que se generan espacios de oportunidades y desarrollo en los que apoyar, además, la solución a la falta de equipamientos o aportar soluciones a la movilidad, uno de los grandes problemas del entorno del cruce de Melenara.

Respecto a qué gana la ciudad o el entorno inmediato con la rápida transformación de polígono industrial a Parque empresarial, obviamente la primera consecuencia es la creación de empleo que estas nuevas actividades traen de la mano, pero, sobre todo, hay que destacar la mayor calidad ambiental en comparación con un vetusto polígono industrial y la mejora de la movilidad en

la zona propiciada por un concepto clave en todo proceso de transformación urbana: los incentivos a la renovación.

Y es que aunque desde el Plan General el político pueda plasmar la ciudad que desea, si no existen los incentivos necesarios todo se puede quedar en el papel, como por ejemplo ocurre en Telde con la Ordenanza G, que pretendía organizar la antigua carretera del Calero a Telde y la de La Pardilla a San Antonio, nada menos que en un bulevar con una rambla central. Un modelo urbano importado que no tiene encaje posible en suelo urbano consolidado y que después de 20 años apenas ha producido dos edificios en San Antonio. Sin embargo, en el Parque empresarial sí que se produce un incentivo para la renovación en forma de posibilidad legal para implantar nuevos usos y en una mayor libertad para la posición de la edificación en la parcela o para construir por plantas respetando la altura máxima de la zona. Este tipo de marco legal es con lo que los técnicos podemos producir edificios de más calidad, liberar suelo y obtener una proporción de espacio libre/espacio construido con el que se consigue una mejora urbana respecto a un edificio industrial tradicional. Esto es fácil de comprobar si nos damos una vuelta por los últimos edificios comerciales construidos en la zona. Vemos que ninguno de ellos ocupa toda la parcela ni consume la edificabilidad máxima, todos disponen de aparcamientos suficientes para su actividad o se retranquean de la alineación oficial generando más espacio para el peatón. En definitiva, se renuncia voluntariamente a edificar toda la parcela para mejorar la accesibilidad porque el incentivo es evidente: si mis instalaciones son mejores, si la accesibilidad es buena y mejoro la conectividad, mi actividad será más exitosa. En términos económicos es lo que se llama un «win-win», gana la empresa y, en este caso, gana la ciudad.

Este incentivo a la renovación también articula la última actuación en la zona aprobada por el Ayuntamiento en la que tengo la satisfacción de trabajar (y aprovecho este artículo para agradecer a la Concejalía de Urbanismo la celeridad y el cumplimiento en la respuesta administrativa aún en tiempos de pandemia). Al igual que en el resto de edificios como Mercadona, Binter o Lidl, la operación empieza con demolición de las naves existentes, libera suelo y trata el aparcamiento interior como si fuera una plaza pública utilizando materiales de calidad, reduciendo la huella térmica y huyendo de las soluciones de «playa de aparcamiento» que podemos ver en los centros comerciales. Gracias a esta intervención se crea, además de una gran superficie, un espacio comercial en el que se podrá instalar el pequeño y mediano comercio. También se va a mejorar la entrada al parque empresarial con más espacio y nuevas aceras, y se va a construir una plaza pública y un nuevo tramo de carril en la subida desde Melenara. Todo mediante la iniciativa privada, es decir, a coste 0 para la administración.

Los beneficios desde el punto de vista de la creación de empleo y de la mejora de la calidad urbana para el Parque empresarial se han logrado con la sola publicación de una mejora de la Ordenanza Industrial. Un documento publicado en el BOC de tan sólo 3.900 palabras ha conseguido en menos de diez años la profunda transformación que necesitaba la zona. Con su regeneración se aportan también soluciones a la movilidad demandadas por los vecinos durante décadas que de otra forma no hubieran sido posibles, pues ya sabemos que el intento de obtener suelo público mediante las expropiaciones llevó a la ruina económica a este municipio.

Desde Ciudadanos animamos a nuestros representantes públicos a trabajar en la mejora de la Ordenanza PEM (porque hay margen para ello), así como en la actualización de las incontables ordenanzas que se han ido quedando obsoletas, puesto que la ciudad necesita más que nunca impulsos para renovarse. No esperemos que sea nuevamente la iniciativa privada quien ponga las bases para el progreso de Telde.

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