Política pública del nuevo régimen IV (Mentalidad de rebaño)

El nuevo régimen se ha consumado y una ciudadanía en estado de negación evoluciona hacia el negacionismo, que no es más que otra manifestación de las intrincadas complejidades de nuestros engaños y autoengaños. El negacionismo representa la transformación de la práctica cotidiana de la negación en una forma nueva de ver el mundo. Mientras que la negación es furtiva y rutinaria escondiendo la verdad; el negacionismo es combativo y extraordinario; construyendo una nueva y mejor realidad.[1] Al estar en contacto con distintos círculos políticos y personas del mundo de la investigación psicológica y social he advertido la asombrosa superficialidad de la mayoría ante esta problemática.

Por otro lado una de las cosas básicas que todas las reglas de la convención social[2]ocultan es la camaradería entre el sí y el no. ¿Recuerdan el no es no? Supongamos que un cierto grupo social descubre que el grupo adversario, con el que se supone que debe luchar es realmente simbiótico para él. Es decir, el conjunto enemigo fomenta una serie de acciones que benefician al otro. Por esta razón si no existe un rival, se tiene que inventar uno, como en la novela de George Orwell.

La existencia misma de muchos regímenes o estructuras de poder se basa en agitar el hecho de tener un fin por el que luchar para disponer de algo que compita con la energía de la sociedad para seguir haciendo su trabajo. Sin embargo, los que conocemos la esencia del juego no lo seguimos, aunque somos muy pocos.

Por esta razón, muchos líderes se refieren a los ciudadanos como un rebaño. Y aunque pueda parecer gracioso, responde al significado metafísico de la oveja que es un animal inofensivo e inocente; representa la vida natural que fluye en la conciencia del hombre desde el Espíritu. Es pura, inocente, sin culpa. Por lo cual la separación de las cabras de las ovejas es un proceso mental en el que los pensamientos buenos, obedientes y provechosos (ovejas) se retienen (se colocan a la derecha). Mientras que los pensamientos obstinados, egoístas e inútiles (cabras) se retienen (se colocan a la izquierda). De modo que no es casual que en Occidente existan refranes muy arraigados en el inconsciente colectivo referentes a una determinada conducta. Por ejemplo, quién no ha escuchado que “la cabra tira al monte”, “está como una cabra” o que “es la oveja negra de la familia” para definir a aquellos que son rebeldes. Así mismo, al otro extremo escuchamos “ovejas bobas, donde va una, van todas…” y como decía Fray Luis de León, “los pastores serán brutales mientras las ovejas sean estúpidas”. En consecuencia, las palabras jamás se eligen al azar. Diestra y siniestra. Bien y mal. Son diametralmente opuestos. De hecho, si preguntamos a los granjeros nos dirán que las cabras y las ovejas no deben compartir el mismo redil ni los pastos. La convivencia de ambas especies potencia las infecciones, tanto para una como para la otra.

Dicen que lo que nos distingue de los animales es que pensamos. Los pensamientos nos protegen de la verdad y de qué hacer al respecto. De hecho utilizamos varias formas en las que el proceso que llamamos pensamiento; el uso de signos, palabras, símbolos, números para representar lo que ocurre en el mundo exterior o en el mundo de la naturaleza nos lleva a un curioso caos en el que confundimos el proceso simbólico con el mundo real.

¿Pero realmente lo confundimos? O, sucumbimos a la tentación de afirmar que esas características únicas que nos distinguen del resto de los animales son responsables del extraordinario éxito relativo que hemos tenido en el control del mundo de la naturaleza. Bueno, eso es lo que muchos creen, pero en realidad somos los responsables de la degradación de nuestro entorno en todas sus manifestaciones. Aunque no me preocuparía mucho por la naturaleza porque cuando ella se canse, nos eliminará como unas malas pulgas. Nunca hemos controlado con éxito ningún aspecto de la naturaleza. Como decía Alan Watts, lo que sí podemos argumentar con seguridad es que toda la aventura intelectual de la civilización ha sido un terrible error, y que ahora estamos en un curso de colisión, y que todos los presuntos beneficios de la inteligencia como la tecnología y toda esa bazofia del control simplemente van a llevar a la raza humana a un final estrepitoso.

En cuanto al tema que nos ocupa el nuevo régimen ya está consolidado y no hay marcha atrás. Para subsistir deberemos aprender a vivir en él. El que no sea capaz de hacerlo morirá, metafóricamente hablando. Sólo el tiempo dirá a cuantas ovejas le quedará lana después de apoyar ciegamente al nuevo orden mundial. Recuerden que la oveja se empieza a esquilar por la barriga.

Al final del camino siempre hay un espejo. Para muchos la imagen será terrorífica, pues como decía Einstein “el mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad” y la mayoría hemos sido cómplices del nuevo sistema. La nueva normalidad impuesta al estilo chino ha llegado con la aprobación tácita de todos. Este término económico de nueva normalidad hace referencia a las condiciones financieras tras la crisis de 2007-2008 y las secuelas de la recesión mundial de 2008-2012. Sin embargo, como ocurre con los conceptos de nuevo cuño, los ingenieros conceptuales y los creadores de realidades sociales lo utilizan en otros escenarios para dar a entender que algo que antes era inaudito se convierte en común.[3]

Muchos se preguntarán, ¿por qué hemos aceptado esto? ¿Qué pasa exactamente cuando alguien sigue el instinto de la manada? En esta línea, Vasily Klucharev siempre se ha preguntado cómo afectan los demás a nuestro cerebro, haciendo que cambiemos de opinión. Según el neurocientífico la pregunta es, ¿cómo somos manipulados? No es una cuestión superflua pues hay áreas de la psicología social dedicadas específicamente a este tipo de estudio.

La hipótesis central de Klucharev es que la gente tiene un sentido incorporado de ser similar a los demás. Cuando nos diferenciamos de la multitud, nuestro cerebro dispara una señal de error como si dijera: «Te equivocas, cambia de opinión inmediatamente». Esta señal es producida por el sistema de dopamina ligado a varias áreas del cerebro, incluyendo la corteza prefrontal. El sistema media la liberación de dopamina, un neurotransmisor involucrado en la activación de señales de error cada vez que nuestro juicio es diferente al de la multitud”.[4] No debería sorprendernos pues muchos consultores políticos y grupos mediáticos conscientes de este hecho lo utilizan sin escrúpulos para manipular a la masa.

De manera semejante, investigadores de la Universidad de Leeds realizaron un experimento en grupo en el que se dijo a los voluntarios que caminaran al azar por un gran salón sin hablar entre ellos. A unos pocos seleccionados se les dieron instrucciones más detalladas sobre dónde caminar. Los científicos descubrieron que las personas terminan siguiendo ciegamente a una o dos personas que parecen más seguras de sí mismas e instruidas. Los resultados de estos experimentos mostraron que sólo se necesita un 5% de personas que proyecten confianza e instruyan a la gente para influir en la dirección del 95% de la multitud, y los 200 voluntarios lo hicieron sin siquiera darse cuenta.[5]

En definitiva, nos enfrentamos a una crisis sistémica que traerá un tremendo caos económico donde el dominio estatal se basará en la forma más grande de control que existe: ¡La dependencia! La oveja que no siga al rebaño será sacrificada. No en el matadero sino en las listas de desempleo, en la negación de subvenciones, en la exclusión de cualquier posibilidad de participar en las instituciones sociales. Sin embargo, los secuaces que ahora impulsan esto al no tener la prosapia de la élite, también sufrirán el mismo destino en cuanto el ascenso y poderío económico de esta clase se consolide en el ordenamiento político. Por este motivo, cualquier decisión que tomemos en nuestra vida no debe estar dictada por unos papanatas de traje y corbata sino que debe salir directamente de nuestro corazón y nuestra consciencia que no atiende al chantaje ni al miedo que pretenden infundir unos “apparatchikis” que no significan absolutamente nada.

Bibliografía
[1] Kahn-Harris, K.: (2018) “Denialism: what drives people to reject the truth”. From vaccines to climate change to genocide, a new age of denialism is upon us. Why have we failed to understand it? The Guardian. August 3, 2018.

https://www.theguardian.com/news/2018/aug/03/denialism-what-drives-people-to-reject-the-truth

[2] Definición: cualquiera de las diversas normas, métodos, procedimientos y prácticas establecidas que han sido aceptadas como guías de conducta social durante un período relativamente largo. A menudo no escrito, arbitrario y autoperpetuadas, las convenciones sociales suelen referirse a aspectos relativamente mundanos de la sociedad, como la etiqueta, las ceremonias sociales y el decoro. American Psychological Association https://www.apa.org/

[3] El-Erian, Mohamed A.: (2010) “Navigating the New Normal in Industrial Countries”. International Monetary Fund. 15 December 2010. pp. 12–. ISBN 978-1-4552-1168-5. Retrieved 18 October 2012.

[4] Selina, M.: (2013) “Our Brain Is Highjacked by the Herd Mentality”. August 05, 2013 https://iq.hse.ru/en/news/177669429.html

[5] Krause, J.; Dyer, J.: (2008) «Sheep in human clothing – scientists reveal our flock mentality». University of Leeds Press Office. 14 February 2008. https://www.leeds.ac.uk/news/article/397/sheep_in_human_clothing__scientists_reveal_our_flock_mentality

Un comentario sobre “Política pública del nuevo régimen IV (Mentalidad de rebaño)

  • el 22 mayo, 2020 a las 4:21 pm
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    Un rebaño de tantos millones de ovejas, yo no sé si aguantarán los pastores Sánchez e Iglesias, para eso tiene que tener buenos perros y el único que veo yo que muerde un poco es Avalos, por que Garzón, Irene, Illa, son como caniches mansos

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