¿Por qué tienen éxito los partidos emergentes?

Muchos expertos consideran que “el paisaje político fragmentado confirma el fin del bipartidismo entre el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular que había protagonizado la política española desde el regreso del país a la democracia en 1978”. Según ellos, la tendencia a la división del voto cobró fuerza a partir de 2014 con la irrupción de Podemos por la izquierda y de Ciudadanos por el centro derecha. En la actualidad, debemos añadir la presencia de Vox, que de acuerdo al politólogo Pablo Simón, varios factores explican este reciente impulso: «La tensión territorial en España, la fragmentación política en la derecha española o que la atención de los debates sobre la extrema derecha en Europa y el mundo ganen importancia».

No obstante, tanto Podemos, Ciudadanos como Vox son formaciones políticas emergentes que afirman estar motivadas por el deseo de corregir las injusticias aparentes (corrupción política, empleo y pensiones, impuestos o criminalidad) y peligros percibidos (daños al medio ambiente y salud entre otros) para mayor beneficio de la sociedad española.

Esto en teoría les sitúa en una posición moralmente superior a aquellos a los que apuntan (PSOE y PP). Por otra parte, en realidad Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal funcionan con las técnicas utilizadas por los activistas sociales. Por esta razón en una sociedad cada día más plural y diversa, en que los ciudadanos se unen para hacerse oír y crear presión social, no es de extrañar que estas formaciones aglutinen grupos de heterogénea procedencia como por ejemplo “las confluencias”, que son una amalgama de organizaciones políticas que componen el grupo confederal de Podemos. Por este motivo, tampoco debe sorprender que en determinados momentos afloren los intereses particulares de sus componentes provocando sonadas rupturas como es el caso de Iñigo Errejón; Toni Roldán y Javier Nart en Ciudadanos o el abandono de Juan Luis Jara y Daniel Molina en Vox.

Los partidos emergentes utilizan numerosas tácticas como aplicar presión directa, actuación que consideran esencial para obligar al Estado, compañías u organizaciones a realizar cambios o revisiones en el desarrollo de sus operaciones. La presión directa se traduce en manifestaciones, sentadas, piquetes, boicots, escraches y en algunos casos acciones con mayor grado de violencia.
En cuanto a la aplicación de presión indirecta sobre el Estado y las organizaciones, estas formaciones intentan influir en la opinión pública para inclinarla a favor o en contra de aquellos que tienen como objetivo.

El poder de estos nuevos partidos políticos para influenciar la opinión pública se debe al hecho de que sus actividades juegan con las inseguridades de los ciudadanos. En esta línea, estas formaciones políticas trabajan para crear amenazas en la mente de la población, por ejemplo, la erosión de la capa de ozono, alimentos modificados genéticamente, calentamiento global y otros. Debido a que inicialmente los ciudadanos saben poco acerca de estos temas y sienten que no pueden controlarlos, se crea una atmosfera de miedo, a menudo en la medida en que el pensamiento racional se atrofia. Luego, dado que los ciudadanos perciben a los políticos como proactivos al hacer algo sobre el problema, motivados por el bienestar de ellos, proporcionan su apoyo por agradecimiento o por sentimiento de culpa.

Quizás su mayor fuerza se encuentra en la utilización de una variedad de tácticas mediáticas para crear y maximizar la cobertura de los medios de comunicación. Una de ellas es «generar situaciones de conflicto a corto plazo” y de actualidad para estimular el interés de los medios de comunicación.

Para dar credibilidad a sus campañas y crear un ángulo noticioso, los partidos emergentes a menudo emplean la investigación científica y estadísticas para apoyar sus afirmaciones, por ejemplo «los resultados de una investigación muestran que…». Es evidente que hay conceptos científicos, apoyados por un cuerpo robusto de datos fácticos, que ahora son substancialmente politizados. Algunos también emplean la estrategia de aparecer para revelar información que supuestamente se ha mantenido oculta a la ciudadanía. Esto aumenta el significado aparente de la información y ayuda a presentar a los objetivos en una luz más siniestra. También ayuda a reforzar la impresión de que los nuevos políticos están actuando por el bien de la sociedad.

Armados con datos científicos, los partidos emergentes evitan desconcertar a las personas con detalles, un error común de aquellos a quienes apuntan. Más bien, se centran en influir en los sentimientos mediante el uso de argumentos emocionales que parecen estar respaldados por hechos científicos. El lenguaje se elige cuidadosamente para un impacto emocional óptimo. Los mensajes se mantienen simples y potentes y se repiten regularmente para que se conserven en la mente de los ciudadanos. Por otro lado, las fotografías se seleccionan cuidadosamente para maximizar la reacción emocional.

Los partidos emergentes no solamente se nutren de los medios de comunicación que acuden a cubrir sus actos sino que también facilitan documentos gráficos y audiovisuales para aumentar las posibilidades de cobertura en la televisión. Por otro lado, la utilización de celebridades es otra técnica que suele darles rédito. Los partidos emergentes reconocen el impacto que los líderes de opinión, como las celebridades, pueden tener cuando ponen su peso detrás de una campaña. Por ejemplo, el respaldo que recibió Podemos en 2014 por parte de Miguel Bosé, Joan Manuel Serrat, Miguel Bosé, Ana Belén, Víctor Manuel, Fran Perea, Jesús Vázquez y otros. Asimismo, Vox recibió el apoyo de Fran Ribera. Mientras que Melendi, Bertin Osborne y tácitamente Belén Esteban se decantaron por Ciudadanos.

Las formaciones políticas emergentes también se aprovechan de días de acción Internacional como son el día del Orgullo, Día Internacional de la Mujer (Podemos), Día de la Constitución, Día del libro (Ciudadanos) Día de la Constitución, Día de la Hispanidad (Vox).

Las redes desempeñan un papel vital tanto en la creación como en la amplificación de una campaña activista de estos partidos. La transmisión global inmediata de información, combinada con el acceso abierto por parte de todos, incluidos los medios de comunicación, significa que los ataques se desarrollan a tal velocidad que parecen salir de la nada.

Otra herramienta utilizada por los partidos políticos emergentes para presionar al Estado es crear sus propios medios de comunicación, publicando sus propias revistas, boletines informativos y alertas legislativas como por ejemplo, “La Circular”, la revista distribuida por Podemos, que forma parte de uno de los proyectos del Instituto 25 M, una agencia interna que crea contenidos de todo tipo o la Revista digital de Vox, Habla. Estos medios, bien gestionados pueden ser extremadamente eficaces en la transmisión de mensajes a otros grupos e individuos afines. Por ejemplo, se ha comprobado que los boletines medioambientales tienen un impacto significativamente mayor que los medios de comunicación de masas porque llegan a un grupo objetivo específico con mensajes que les interesan. Además de tratar de influir en la opinión pública, los partidos políticos emergentes pueden buscar la intervención y regulación del gobierno para obligar a las organizaciones a cambiar.

Finalmente, aunque los partidos emergentes revistan apariencia de nuevos canales de expresión del pueblo, pueden representar una amenaza para el equilibrio del Estado y diversas organizaciones en una sociedad cada vez más plural pues sus tácticas van dirigidas a crear conflicto, perturbar el orden de aquellos que consideran sus objetivos. Hasta el presente las aportaciones de estas nuevas formaciones políticas no se han traducido en cambios significativos para mejorar la sociedad española.

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