Rescatando la memoria; La radio de los años 50

En los años cincuenta, no había una gran proliferación de medios de comunicación de masas, siendo la radio casi el único medio de comunicación del que podía disponer la población. La radio constituía un mundo apasionante, era un medio poderoso con unas características propias. Los aparatos de radio no eran cosa habitual en los hogares, de ahí que la entrada de un receptor de radio en una casa era todo un acontecimiento que llenaba de satisfacción y proporcionaba un importante elemento de entretenimiento. Todos los miembros de la familia se apostaban frente al receptor radiofónico, se le daba al interruptor, se encendían las lámparas, se iluminaba el panel donde estaban los nombres de las emisoras y se desplazaba el dial buscando la emisora deseada como si estuviera navegando en las modernas webs de hoy en día.

En esta época nació la llamada radio comercial, y de entretenimiento, que dieron fama a los locutores y locutoras que, con sus voces seductoras, fueron enganchando a los oyentes. También adquirieron fama los guionistas de los seriales radiados, que las amas de casa seguían sin perderse uno. Las historias narradas eran las de hoy y las de siempre; los desengaños amorosos, la pobrecita maltratada, las tragedias, las mentiras,  etcétera. Fueron las fábulas radiadas que estaban atiborradas de personajes urbanos, atormentados por la pobreza, en su mayoría. En aquellas leyendas radiadas predominaban los amores llenos de ira, y de amigas que terminaban odiándose, a menudo por culpa de un amor.

Eran dramas que arrancaban lágrimas y rabia. Fueron guiones esculpidos con tintes dramáticos y hechos para angustiar. Los locutores y locutoras vocalizaban a la perfección, lloraban cuando la escena lo requería, con tanta naturalidad que el dial de la radio se “humedecía”. Los programas radiofónicos en la década de los 50 tenían sus pilares fundamentales en la religión católica, la música y las transmisiones, siendo el de los sábados “Cabalgata fin de semana”, el que más fama tenía. Lo componían canciones en directo, concursos que se hicieron famosos, desfile de humoristas, cuñas publicitarias que llegaron a conseguir entre la gente una popularidad increíble. Este programa era presentado por Bobby Deglané, un chileno que consiguió con su nuevo estilo revolucionar las maneras de hacer radio. El programa hacía reunir en torno a la mesa de la cocina a las familias estableciéndose una agradable tertulia durante la cena.

Otro programa que se oía durante la cena era “La ronda” emitido diariamente por Radio Atlántico y terminó siendo el programa más veterano de la emisora. Era un espacio de música seleccionada por la audiencia para dedicársela a amistades y familiares. Las voces de Pepita Chirivella y Carlos Martín se hicieron muy familiares gracias a este programa. Todavía algunos recuerdan aquellas originales dedicatorias, entre tiernas y almibaradas: «Su esposa se la dedica a Ramón, que está pescando en el Sahara, para que regrese pronto a casa» o «Al niño Paquito, de sus padres, hermanitos, tíos y abuelos, en su primera comunión».

Los domingos por la tarde, la radio hacía imaginar las jugadas que hacían los futbolistas escuchando “Carrusel Deportivo” y muchos oyentes hacían fuerza para que su equipo consiguiera ganar y que, además, se dieran bien los resultados de la quiniela. Durante la semana uno de sus programas favoritos era “Matilde, Perico y Periquín”, unos episodios, de 10 a 15 minutos que habitualmente mostraban la vida cotidiana de una familia española supuestamente típica, en la que los padres trataban de no dejar ver su bajo nivel de vida y puestos en evidencia por la sinceridad de su hijo Periquín.

Si “Carrusel Deportivo” era el programa favorito de los oyentes masculinos, el de la audiencia femenina era el serial “Lo que nunca muere”. Se emitía por las tardes y fue un fenómeno de masas convirtiendo a su guionista Guillermo Sautier Casaseca en el rey de la lágrima por entrega. Maribel Alonso, Juana Ginzo, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa y Eduardo Lacueva hacían que por las tardes, en muchas casas se siguiera con expectación las venturas y desventuras de los personajes que interpretaban y que eran comentados por las vecinas en las tiendas con entusiasmo a la mañana siguiente.

Otro programa radiofónico casi de obligado cumplimiento escuchar era “el parte” de las nueve de la noche en el que se daban las noticias nacionales e internacionales con los matices propios de aquella época.  Tenía una duración aproximada al cuarto de hora, que emitía la emisora nacional desde Madrid reservándose la exclusiva absoluta de los servicios informativos radiados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *