Sanmao: “paz y sosiego…” en Telde (1)

Como bien diría mi muy estimado amigo Domingo Hernández Peña, lanzaroteño que escribía con el pseudónimo de Alejo Guanapay, Canarias parece odiar, menospreciar y olvidar a quien la ama, como si de una maldición divina se tratara. En Gran Canaria hay muchos ejemplos, pero en especial me sigue asombrando los casos de Néstor Martín-Fernández de la Torre, pintor e impulsor del turismo, y el del historiador y folclorista Néstor Álamo, al que los grupos musicales canarios casi han olvidado de tanto mirar a Sudamérica, así como buscando una identidad perdida y anhelada en tierras remotas de donde no somos ni ya estamos.

Con enorme alegría he descubierto que una autora de origen chino, aunque criada en el ambiente liberal y culto de Taiwan, declaró poco antes de su muerte en 1991 que los mejores años de su vida los había pasado en Canarias, entre la teldense Playa del Hombre y Santa Cruz de la Palma. Maoping Chen era su nombre; para su familia Echo o segunda hermana mayor; y para el mundo y los más de 100 millones de asiáticos que la leen y la adoran, Sanmao.

Por aquellas cosas raras de la vida, Sanmao es una de las grandes desconocidas en occidente, a pesar de ser una viajera impenitente y haber publicado muchas crónicas, que ella definía como cuentos de vida y libertad. Se casó con un español, un buzo de Jaén de nombre José María Quero y fueron a vivir a El Aaiún en el año 1974, una ciudad que ella consideraba “triste, fea y muy cara”. Con su carácter curioso y afable, aunque con un punto de introversión típica de los orientales, pronto hizo amistades y aprendió historias, leyendas y cuentos de sus habitantes. Cuando salió de El Aaiún, tras la Marcha Verde, escribió en una de sus crónicas para los periódicos chinos “Gracias desierto, me he vuelto una mujer sencilla y transparente”. Toda esta transformación interior la relata en un maravilloso libro, primero publicado en español en el año 2016, titulado “Diarios del Sáhara”, que sin reserva alguna recomiendo su lectura. Como dice de Sanmao su editora, Iolanda Batallé, “Una trotamundos narradora de historias capaz de convertir, día a día, su vida en un cuento. Una luminosa vida contada mientras era vivida”.

Durante su vida en Playa del Hombre, al menos cada sábado, subía al Mercado de Telde a comprar básicamente frutas y verduras. Dejaba en un puesto de su confianza las bolsas y seguía caminando hasta la casa Museo León y Castillo. Se sentaba en un banco de madera del patio interior por unas horas, mientras leía prensa china o inglesa y dejaba vagar su imaginación, quien sabe a dónde. Nadie sabía que aquella bella y amable mujer de rasgos chinos, era la gran escritora Sanmao que tanta fama tenía en Asia. Ni ella lo contaba. Un día, hablando con Antonio González Padrón, director de esa Casa-Museo, le comentó que no sabía cómo definir en español lo que ella sentía en aquel patio. Don Antonio, hombre culto y refinado, le sugirió que se podía definir con dos palabras: “Paz y Sosiego”. Desde entonces, cada vez que se veían, Maoping Chen le repetía esas palabras con el pulgar hacia arriba.

Y ahora, con el permiso de los lectores, unas confidencias personales. Hay dos sitios en el mundo donde he sentido algo tan especial en el ambiente. Uno es ese mismo patio, en el que también me gusta relajarme cada vez que voy allí. El otro lugar dónde experimenté algo similar fue en Inglaterra, hace ya demasiados años, en la Catedral de Exeter. La definición de estos sentimientos que tanto gustaban a Sanmao, hoy los expresaría como “Paz, Sosiego y Trascendencia”. También he de reconocer, que como a ella, el desierto del Sáhara me fascina y me enamoró en cuanto lo vi. El desierto y, sobre todo, los amigos que allí conocí…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *