Ser mayor y la soledad

Es una cuestión compleja abordar el envejecimiento, aunque una buena forma de empezar podría ser redefinir el concepto mismo de ‘persona mayor’, resaltando los aspectos positivos y trabajando contra el estigma de la vejez, que conduce a muchas personas a sentirse inútiles a ojos de la sociedad al terminar su etapa laboral. Deberíamos tener en cuenta que la división entre ser adulto y ser mayor es meramente administrativa.

La edad de jubilación está fijada a los 65 años hoy, pero mañana puede estar a los 67. ¿Diremos entonces que se empieza a ser mayor a los 67? Pienso que uno empieza a ser mayor cuando se siente mayor y que estamos desperdiciando un enorme capital intelectual obligando a abandonar la vida activa a personas que están en la plenitud de sus capacidades, abocando a muchas personas a sentirse inútiles, frágiles y solas.

La soledad es una condición de malestar emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr intimidad emocional. La experiencia de soledad, en el fondo, es la sensación de no tener el afecto necesario deseado, lo cual produce sufrimiento, desolación, insatisfacción, angustia, etc. Sentirse solo, es algo complejo y paradójico, ya que puede ocurrir incluso que se experimente estando en compañía. En este sentido, la soledad es una experiencia subjetiva que se produce cuando no se está satisfecho o cuando las relaciones no son suficientes o no son como se espera que fueran.

La soledad tiene un componente emocional evidente, pero también tiene un fuerte componente social, ya que está muy relacionada con la red de apoyos de cada persona. Cuando hablamos de una situación de dependencia debida a problemas de movilidad, no contar con una red de apoyos supone vivir enclaustrado, debido a la abundancia de barreras arquitectónicas, pero también no estar en condiciones de tomar decisiones personales o de gobernar la propia vida, que es lo mínimo que espera cualquier persona. Esa soledad es una soledad doliente que los mayores consideran un grave problema de salud.

Muchos problemas emocionales de los mayores se están tratando con pastillas, cuando lo que necesitan es hablar para sacar sus emociones a la luz. Las consultas de Atención Primaria están llenas de personas mayores que van al médico buscando que las escuchen y les presten atención. Abordar la soledad es tremendamente complejo, pero es imprescindible respetar su privacidad para que no vivan cualquier intervención como una intromisión, por lo que creo que sería adecuado habilitar sistemas de acompañamiento, que no es lo mismo que la ayuda a domicilio, que tengan en cuenta sus derechos y que les permitan decidir cuándo les apetece compañía y cuando no.

Los servicios sociales municipales pueden ser las instituciones más adecuadas para desarrollar iniciativas en este sentido, ya que están en condiciones de actuar de forma muy específica. Lo primero es conocer a fondo la realidad. Si no invertimos en primer lugar en estudiar lo que sucede de forma seria, estaremos creando recursos al tuntún, lo cual no tiene ningún sentido. Desde luego, la atención y el acompañamiento domiciliarios son una opción, pero también se tiene que potenciar intensamente la intervención comunitaria en un sentido más amplio.

La soledad es un problema social actual que afecta a un porcentaje elevado de personas mayores e influye de manera significativa y negativa en su bienestar psicológico. Es importante valorar que la calidad de vida de una persona no solo está determinada por la salud física, sino también por la emocional. Sin embargo, los aspectos emocionales siguen sin tenerse lo suficientemente en cuenta, especialmente en el ámbito de las personas mayores.

El ser humano, como ser social, necesita vincular afectivamente y comunicarse con otras personas para asegurar su supervivencia. Es cierto que muchas personas pueden experimentar satisfacción ante periodos de soledad que pueden utilizar para estar en contacto consigo mismos. Sin embargo, el término soledad se suele emplear cuando el sujeto experimenta malestar ante la ausencia o limitación no deseada de relaciones afectivas.

En estos casos, la soledad suele dar lugar a sentimientos de hostilidad, resentimiento, tristeza y ansiedad, lo que a su vez reactiva mecanismos neurobiológicos que pueden dañar la cognición, la emoción, el comportamiento y la salud de la persona mayor, llegando a incrementar las probabilidades de mortalidad y dependencia.

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