Ser responsable

La responsabilidad no es algo sencillo, pero si es factible de ser percibida en la vida cotidiana, especialmente en su aspecto negativo. Puede definirse como una obligación, moral o legal del cumplimiento de deberes. En otras palabras es un signo de madurez, ya que el cumplimiento de una obligación implica esfuerzos por realizarlos y el no lograrlo genera consecuencias.

De esta afirmación se podría deducir que, otro concepto fundamental como la confianza tiene una implicancia directa con la responsabilidad debido a que somos leales y tenemos fe en aquellas personas que cumplen con lo que han prometido. Gracias a la responsabilidad, podemos convivir tranquilamente en una sociedad, desde todos sus ámbitos: familiar, amistoso, profesional o personal. Por todo esto podemos decir que ella es un valor y, además, debe ser algo estable porque el origen de su opuesto (la irresponsabilidad) está justamente en la falta de prioridades correctamente ordenadas.

Ocasionalmente podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien, pero cuando ésta comienza a ser más continua, comenzamos a perder confianza en la persona a la cual le asignamos los deberes, con las altas consecuencias que ello pude traer consigo. Actuar con responsabilidad implica asumir las consecuencias de nuestras acciones y decisiones, tanto buenas como malas. Además es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de acuerdo a una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos sus sentidos, sin necesidad de que nos den una orden. Sabemos que es difícil de alcanzar, pero la responsabilidad vale la pena. Es un valor porque de ella depende la estabilidad de nuestras relaciones. Y como todos los valores, es un cimiento para fortalecer nuestra convivencia social y personal.

Siempre podemos hacer algo para mejorar nuestra responsabilidad; como por ejemplo, reflexionar sobre todo lo que hacemos y nos comprometemos, porque debemos saber que las consecuencias reales de ello influyen directamente sobre nosotros. Además debemos alcanzar de manera estable y habitual que nuestras acciones concuerden con las promesas y obligaciones realizadas.  Es fundamental educar a las personas que nos rodean, para que adquieran también este valor de la responsabilidad para que todo funcione mucho mejor. No hay que tomar el camino más sencillo que es el de dejar pasar las cosas, porque eso sería justamente caer en la irresponsabilidad de no cumplir con nuestro deber. Debemos hacer de la responsabilidad un correcto aprendizaje.
 
El desarrollo de la capacidad de responder por los propios actos (incluyendo aquellos que han sido involuntarios o accidentales), está vinculado al logro de la autonomía personal que adquirimos desde niños, y a la comprensión cabal de que existe una relación entre causas y efectos. Esto se debe a que la maduración afectiva e intelectual desde la niñez, es en donde uno comienza a abandonar las conductas impulsivas propias de la infancia y adquirir la posibilidad de reflexionar antes de actuar.  Asegurarnos de que todos podamos convivir armónicamente, es nuestro deber, solamente nos obligamos  a realizar todo lo que esté a nuestro alcance para lograrlo. Vivir la responsabilidad no es algo cómodo, pero tampoco lo es el corregir a un irresponsable.  

Las pequeñas responsabilidades diarias, nos preparan poco a poco para ir asumiendo responsabilidades mayores. Si actuamos responsablemente, logramos algo muy importante, que nos hace crecer: la confianza en nosotros mismos, y la confianza de los demás. Actuar de esta forma, además permite elegir con libertad, y actuar cada vez con mayor independencia y seguridad en nuestras propias decisiones.

La responsabilidad es un valor que está en la conciencia de la persona, que le permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos. Responsable es aquella persona que conscientemente es causa directa o indirecta de un hecho y que, por lo tanto, es imputable por las consecuencias de ese hecho, terminando por configurarse un significado complejo: el de responsabilidad como virtud por excelencia de los seres humanos libres. Una manera de entender la responsabilidad es la capacidad que tiene el individuo de dar respuesta. Responder responsablemente nos da valor como personas, comprometidos en cada uno de nuestros actos. Tiene un efecto positivo en las personas porque genera confianza.

No es lo mismo responsabilidad que culpa. Ser responsable de algo, no quiere decir culpable. Es importante que tengamos esto en cuenta, porque a veces nos responsabilizamos de cosas que no podemos controlar, que no podríamos cambiar ni aun deseándolo con todas nuestras fuerzas. Sentirnos culpables de eventos, resultados o situaciones que no dependen de nosotros, afecta a nuestro estado de ánimo, nos frustra y muchas veces, nos enfada. Lo mismo pasa cuando nos hacen culpables. Lo vemos injusto porque lo que ha pasado tampoco estaba dentro de nuestros planes. Antes de culpabilizar a alguien, hay que preguntarse si los resultados negativos obtenidos han sido buscados de una forma intencionada por la otra persona o no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *