Sin límites ni limitaciones

Los españoles nos estamos acostumbrando sin prisa pero sin pausa, ingeniosa frase que acuñó Arias Navarro, a algo inimaginable en cualquier país que no sea una dictadura comunista o se le asemeje: que reine la mentira sistemática y continua en el Parlamento y en el Gobierno. Ya se considera tan normal y nada sorprendente el que nos mientan, que a los pocos minutos de soltar una trola mayor que la de ayer, o la de hacía tan sólo unos minutos, las redes sociales se llenan de ingeniosos chistes en vez de colapsarse con un clamor de indignación cívica.

Supongo que es una forma de catarsis colectiva ante el secuestro evidente de la democracia por los partidos y partidas políticas, sobre todo por la desvergüenza de sus cabecillas. Como falaz escusa dicen que mienten todos, intentando confundir los conceptos de mentira podrida con el disimulo sectario. Parecen sinónimos, pero entre ambas expresiones media la voluntad de engañar deliberadamente. A unos les indigna e incluso protestan ante eso, pero la mayoría prefiere sufrir el bochorno en silencio mientras los malos avanzan.

Si aún alguien albergara alguna duda de cómo miente sin escrúpulos el Dr. Sánchez, que es el Presidente del Gobierno de España y no un simple parlamentario, además de cabecilla del social-podemismo, basta con leer u oír lo que dice sobre el acuerdo con Bildu. Por supuesto que aunque se ría por dentro, no se sonroja ante las cámaras de TV al decir que de ese pacto infame que ha conseguido molestar a todos, tiene la culpa el PP (de ERC nada perora).

Afirma que los poderes extraordinarios que le otorga el estado de alarma “son para salvar vidas”, lo dice mientras parece sonar una música celestial beatífica, con laicos angelitos regordetes podemitas revoloteando satisfechos. Pero con clara ocultación cuela de matute la derogación de la reforma laboral. Tan estrafalaria y escandalosa es la situación creada, que mientras Otegui y Pablo Iglesias muestran el documento firmado, Calviño y Ábalos lo niegan diciendo que derogación sí, pero sólo un poquito y más adelante. Adriana Lastra dice, según cuentan los periódicos, que firmó en blanco o que no se enteró de lo que firmaba.

¿En manos de quienes estamos?, se preguntan los pánfilos como yo. El Gobierno tiene muy claro lo de avanzar por el “Camino de servidumbre” para los ciudadanos, en los términos que pueden leerse en ese libro o manual de supervivencia ante el totalitarismo de Hayek. Si a los estudiantes los quieren “burros pero progres”, basta leer el proyecto de ley de Celaá, a los ciudadanos nos quieren “siervos y con cartilla de racionamiento”, como muy bien explicó Lenin y luego practicaron hasta perfeccionar el terror rojo en Cuba y Venezuela, dos referentes muy próximos para los canarios de bien y para los social-podemitas de mal.

Pero las caceroladas y manifestaciones pidiendo la dimisión del Dr. Sánchez, espontaneas la mayoría y organizadas por VOX las últimas, están canalizando el descontento y el hartazgo de muchos ante la forma de actuar del Gobierno. Cada vez son más ridículas y ofensivas las explicaciones que la sociedad les pide, exige debería decírsele a un representante nuestro, sobre las ocultaciones interesadas de datos de fallecimientos en residencias de ancianos y entre el personal sanitario; de los contratos y contratados de suministros sanitarios fraudulentos; de los informes de “comités de expertos” (si es que realmente existen) para justificar los a todas luces arbitrarios cambios de fase en la reclusión. Todo lo que hacen parece estar inspirado en la temática de la gran película americana “La cortina de humo” (Wag the dog, de 1997). Pero esto ya se comentará en el próximo artículo… ¡salvo censura o autocensura mediante!

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