Tiempo de silencio, tiempo de reproches

Cuando se logre apagar definitivamente el fuego que está asolando Gran Canaria, ahora es aún tiempo de plañideras y solidaridades institucionales impostadas, vendrá el llanto y el crujir de dientes bíblico. Tras un tenso tiempo de silencio de los cabecillas políticos, pronto empezará el tiempo de reproches, búsqueda de culpables para que oficien de cabezas de turco y peticiones de dimisiones disparadas en todas las direcciones menos en la propia. Todos ellos dirán, mientras contienen la risa floja que la falsedad de sus palabras les produce, que sólo quieren detectar los fallos habidos para que no vuelvan a producirse hechos tan lamentables como los ahora vividos.

Del clásico reproche “tú eres el responsable por incompetencia manifiesta y debes dimitir” se pasará al “yo no he sido, para mí no mires y esto es fruto de la herencia recibida”. Pero volverá a ser claramente una mentira, o una media verdad con más aristas que un diamante, que se repite de forma inevitable ante cada nueva tragedia con repercusión mediática y por ende electoral. La realidad pura y dura será que tanto unos como otros sólo pretenden sacar rédito electoral al precio que sea, tal es el nivel de miseria política y menosprecio a los ciudadanos. Sólo podremos asistir impotentes a este ping pong, jugado simultáneamente sobre dos o tres mesas como en un circo. Siempre nos quedará tomar la precaución de usar el mando automático de la tele para disfrutar de una buena película en vez de sulivellarnos con tertulias sectarizadas, que algunos tildan, no sin mucha razón, de “sextarizadas y al rojo vivo”.

Por fortuna, dentro de la desgracia, no se han producido víctimas humanas en esta ocasión aunque sí enormes pérdidas económica y medioambientales en los terrenos públicos y en fincas o campos privados. Y ahora toca señalar al culpable. Para unos es la ineptitud obvia de los actuales gestores y para estos será la consecuencia de viejas herencias recibidas, que achacarán a irresponsables decisiones tomadas por Aznar o Rajoy desde la Península y por Soria en estas asirocadas tierras, hoy en día en tiempos de redención socialista.

Siempre he creído que la persona que debiera informar a la población sobre lo que acontece y de algunos pormenores sobre los operativos puestos en marcha y que sean relevantes, debiera ser el responsable técnico y no el político de turno, al que de debiera tocar el papel de apoyo a las decisiones de los expertos para procurarles los medios materiales que precisen. En un comunicado de prensa de hace un par de días, en pleno apogeo del incendio, leía que el Gobierno de Canarias mantendría el Nivel 2 de emergencia y así conservar en sus manos el control y no dejar de salir en el primer plano de las fotos y los telediarios. Tengo para mí que en estos casos dramáticos el ego de ratoncillo autonomista debe ceder ante la probable mayor competencia del león.

Tampoco creo que sea ni oportuna ni necesaria la presencia física en el lugar de las tragedias del Presidente del Gobierno o los líderes de los partidos políticos, que bien pueden desde sus despachos unos y desde su lugar de vacaciones otros, mostrar su preocupación y coordinar los medios que tengan a su alcance para paliar o solucionar el problema e ir pensando en las ayudas posteriores.

Pero sin embargo, en este incendio concreto, se ha hecho carne mortal el Ministro de Agricultura, en representación del Dr. Sánchez, para asegurar que los afectados recibirán todo tipo de ayudas. Prometerá, como dice el viejo refrán, el oro y el moro… el moro nos lo garantiza desde ya, pero lo del oro es otro cantar, que vistas las costumbres de la PSOE con este metal, será otro robar. Que se lo pregunten a los de la memoria histórica lo que pasó con Negrín y el oro de Moscú y hace menos tiempo con Pedro Solves, malvendiendo una parte importante de las reservas depositadas en el Banco de España.

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