Trump no es el presidente que demanda la ciudadanía americana

Donald Trump no es el tipo de presidente que necesita los EE.UU., de América en estos momentos, (que va camino de convertirse en la segunda potencia mundial detrás de China). Este sujeto cuya osadía no tiene parangón en la reciente historia norteamericana, acreditando un ego desorbitado y hasta cierto punto una ignorancia supina de lo que debe ser un “estadista” que se precie, se atreve a manifestar: “los problemas existentes en la actualidad complican la paz mundial”. Yo pienso que además de ser un xenófobo irascible, su cabeza no rige con la racionalidad que requiere el “momento”, a las prueba me remito, llega a un acuerdo con Corea del Norte para llevar a cabo una desnuclearización armamentista que amenazaba al mundo, y ahora rompe el pacto con Irán relacionado con esta misma materia, con el único fin de “agradarle” a Israel y Arabia Saudita.

Este personaje dada su posible paranoia amenaza a la UE de romper sus acuerdos, en el continente donde siempre ha tenido a su máximo y servicial aliado, Gran Bretaña. El tiene que ser consciente, que es el culpable de la fragmentación mundial que esta propiciando, donde no respeta ni tan siquiera a la OTAN (Organización que rige los designios del Tratado del Atlántico Norte en materia de Defensa). Desde que llego a la Casablanca, ha ido eliminando a una serie de altos funcionaros, como han sido los directores del FBI y la CIA, al igual que se han visto forzados a dimitir una serie de Secretarios de Estados totalmente en desacuerdo con esa forma oligárquica (por no decir dictatorial) que tiene de gobernar.

Es evidente que Israel es un aliado “potente” en Oriente Medio, pero esto no es óbice para que el entendimiento mundial relacionado con el desarme nuclear sea una realidad, máxime ahora cuando cualquier país dispone de este tipo de armas de destrucción masiva. Alemania, Inglaterra y Francia han aceptado la ruptura de este tratado a regañadientes, al igual que la UE. También se le critica su intromisión en el nombramiento de Jerusalém como capital de Israel, lo que acredita que su conocimiento en política exterior es totalmente nula, lo que ha motivado que el enfrentamiento entre los judíos y los palestinos vuelva a reverdecer, generándose diariamente una cantidad importante de muertos entre estos últimos, cuyo poder armamentístico en comparación con el de Israel podríamos decir que es inexistente.

Su egolatría esta grande que cuando firma cualquier documento lo enseña a la “cámara”, donde se observa una firma totalmente impersonal, que consiste en una sucesión ángulos muy juntitos lo que detecta su falta de personalidad. Muchos grafólogos dicen que donde más se observa la “personalidad” valga la redundancia, de un individuo en su firma.

Dios quiera que todo transcurra con normalidad y que los Jefes de los demás Estados existentes pasen de la incompetencia manifiesta de tan nefasto personaje, y no tengan en cuenta sus provocaciones donde incita de forma vulgar a la iniciación de luchas sin sentido, cuyo resultado llevaría al planeta a su total destrucción.

Verlo en los periódicos o en televisión, me genera una gran hilaridad dado su aspecto patético, y su comportamiento cuando se reúne con la cúpula militar es ridículo, ya que se le nota ausente ante tanto uniforme cuajados en algunos casos de un buen número de condecoraciones. Después de tantos años de democracia, para los americanos es todo un fracaso tener de presidente a un personaje de esta vitola, en nada equiparable a cuantos les precedieron en tan alto cargo.

En Teherán los iraníes no aceptan esta ruptura, y han salido las calles gritando consignas contra los EE.UU., llamándoles desleales e incumplidores, los ayatolahs llaman a la oración, y argumentan que jamás se han fiado de los americanos, y para una vez que lo han hecho se sienten traicionados por el imperialismo más viciado, donde el protagonismo sin lugar es su presidente el multimillonario Trumps, que piensa que gobernar a este país defensor a ultranza de la libertad y de la opresión, es hacerlo como si fuera una de sus empresas.

Los EE.UU., han tenido que claudicar ante sus enemigos, en las dos últimas guerras en las que ha participado, Corea y Vietnam, en la primera motivados por los celos del presidente Truman al general de cinco estrellas Mc Arthur, al que ceso como Jefe Supremo de los Ejércitos Aliados en Asia-Pacifico, sustituyéndolo por Ridway un general que no estaba a la altura de la circunstancias, y en la segunda por las condiciones climatológicas reinantes en las selvas donde tenía que combatir al Vietcong, más acostumbrados al medio donde se desarrollaba la contienda en plena selva.

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