Un cura ladrón

Cuando yo era chiquito, «la burrita» del Domingo de Ramos, salía por mi barrio de Los Llanos en procesión.

Pero un mal día , temporalmente a Don Teodoro, párroco de San Juan, generosamente se le prestó.

¡Pobre burrita! . En que manos cayó

¡Maldigo ese día Domingo de Ramos! púes de su nueva usurpadora parroquia, nunca a la suya volvió.

Ésta aunque que duela es la única y triste verdad; la del porqué la «burrita» de nuestra infancia, de la parroquia de San Gregorio, desapareció y en San Juan para siempre quedó.

Dicen que la han visto llorar lágrimas de mar, porque no conoce a esos otros niños, que no son de su barrio natal.

Robar un Santo puede tener hasta su perdón, pero aquella no era una «burrita» cualquiera, sino parte de nuestro infantil corazón.

Pero ese ladrón donde hoy esté, ha de saber , que si arrepentido devuelve hoy lo que antaño robó , el Domingo de Ramos Jesús lo perdonará, porque yo… desde luego no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *